Sábado, 24 Septiembre, 2011 - 18:29

ANÁLISIS
Señales del post octubre
Nuevos paradigmas ponen nerviosos a mercados

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La palabra que ha resumido a lo largo de la historia los cambios de paradigmas es "agotado". Hoy, este término se escucha cada vez más entre los militantes de la nueva cultura que domina a la Argentina, tras culminar un período de diez años de consecuente penetración en diferentes capas de la sociedad, en una medida que nunca se pudo alcanzar en los años '90.

Hoy, este término se escucha cada vez más entre los militantes de la nueva cultura que domina a la Argentina, tras culminar un período de diez años de consecuente penetración en diferentes capas de la sociedad, en una medida que nunca se pudo alcanzar en los años '90., y cuyo resultado práctico será el probablemente mayoritario acompañamiento en las urnas del kirchnerismo cristinista, su más notorio brazo político.





El término, que emparenta directamente con la muerte de los ciclos y que a la vez exige construir desde cero un nuevo modelo fundacional, es el resultado directo del proceso cultural de neocolonización de contenidos que se ha emprendido en materia educativa en todos los niveles, en la filosofía de la Justicia o en la regimentación de una parte de la prensa, a partir de la entronización de determinados demonios que se recomienda combatir con formas de pensamiento distintas a las anteriores y hasta con su imposición, llegado el caso. 





Por apuntar solamente a tres temas que han sucedido durante la semana, las visiones de este tipo han estado presentes como el nuevo catecismo entre los economistas K, quienes suponen que comprar dólares para cobertura es un resabio de prácticas neoliberales que habría que limitar o aun prohibir; también, en jueces que resultan funcionales a los que piensan que el periodismo es un partido político que habría que eliminar para que se puedan imponerle contenidos hegemónicos a la sociedad o aun entre los ministros del Ejecutivo quien, como el candidato Amado Boudou, sigue insistiendo en que lo importante es lo que le pasa a la Argentina fronteras adentro y no en su relación con el mundo. 





Si bien se esperaba que la acción de estas expresiones de cambio se podían llegar a manifestar a pleno recién después de las elecciones de octubre, cuando ya los temores de la parte más conservadora de la sociedad hubieran quedado sepultados por el aluvión de votos, la ansiedad de algunos o quizás la necesidad de mostrarse activos internamente para posicionarse o hasta por cierta dosis de triunfalismo, por qué no, ha determinado que algunos militantes, al decir de Juan Perón, se hayan encargado de mostrar la pata de la sota antes de tiempo. 



La acción del Banco Central frente al dólar ha contribuido a sumar algunas dudas al respecto, porque más allá de su natural misión de cuidar el valor de la moneda y consecuentemente, de administrar el nivel de las reservas, lo que sienten los operadores de la City es que ha salido a actuar a tontas y a locas y a patear la pelota para adelante, con la única finalidad de que este esquema dure hasta las elecciones.

Lo que en realidad hizo la autoridad monetaria fue comenzar a vender dólares a futuro, para darle a los operadores la posibilidad de hacer negocios especulativos excelentes, aunque sólo para evitar que se lo siguieran llevando puesto de contado. Esta tarea, no obstante, no implica que cuando venza el término de los contratos a término y se compensen en pesos las diferencias, quienes hoy se han enganchado en la calesita que les propuso el Central, no le vuelvan a requerir las divisas. 





El punto flojo de la historia es que, pese a todo, las Reservas han caído U$S 1.000 millones en pocos días y que como en todo efecto Puerta 12 (salida por un único lugar) la expectativa está puesta no en los juegos de entretenimiento que hoy ejerce el BCRA, sino en la actitud que tendrán las autoridades el lunes 24 de octubre. El mercado cree de modo mayoritario que, entonces, se avanzará hacia un esquema de tipos de cambios múltiples y también en el control de cambios, que podría llegar a la prohibición lisa y llana de compras a los particulares. 





Para intentar una aproximación que ratifique o invalide estos argumentos de los operadores, sólo hay que meterse en el universo de los economistas K. Hay de todo, pero en la City están sacados con ciertas manifestaciones de dureza que han trascendido y que nadie en el Gobierno ha salido a desmentir o al menos a relativizar, por lo que el drenaje de dólares sigue aún lo más campante. 



En la línea del más ortodoxo pensamiento K se inscribe el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (CENDA) que orienta el economista Axel Kicillof y que asegura que "lo que se ha extenuado no es el modelo. Lo que está absolutamente agotado es la matriz de pensamiento de estos economistas (los que piden ajustes fiscal y salarial), matriz que ha demostrado su absoluta esterilidad para comprender los determinantes del nuevo patrón de crecimiento inaugurado después del estallido de la convertibilidad". 



Este grupo, que se define como de "jóvenes investigadores con formación en economía política" y que critica a los economistas heterodoxos por "tímidos", apunta a recomendar en sus papers y conferencias que en el futuro convivan un tipo de cambio barato para compras en el exterior de bienes de capital o destinados a ciertos consumos populares, con otro precio del dólar más alto que sirva para proteger a la industria y que le genere incentivos a las exportaciones no tradicionales. 



Este sistema de dólar diferenciado y explícito, que de hecho hoy existe con la imposición de retenciones o de aranceles distintos para muchas actividades más el arsenal de compensaciones, subsidios, acuerdos de precios y tarifas planchadas que modifican el tipo de cambio según los sectores, significa para la visión de CENDA "articular los actuales esquemas sobre la base de un plan de desarrollo que contribuya a generar un cambio estructural en la matriz productiva local". 



A la vez, desde el think tank kirchnerista se promueve "repensar un esquema de retenciones que no sólo garantice la desvinculación de la inflación doméstica de la importada sino que además contribuya a redefinir el patrón de producción primaria", con lo cual nadie podría dar por cerrada la posibilidad de que se avance en un nuevo manotazo al campo. Quienes compran dólares piensan que un eventual nuevo esquema cambiario cerraría con la imposición del control estatal al comercio exterior. 



Pero en materia de teorizaciones K hay más, porque otro joven economista, en este caso del Centro de Estudios Económicos y Monitoreo de las Políticas Públicas (CEMOP), de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, Andrés Asiain suele pregonar que en vez de subir las tasas, solución que puede generar enormes déficits cuasifiscales como en la década del '80, resulta "recomendable" implementar medidas "administrativas e impositivas que hagan más costosa la compra de divisas" y dice que, para hacerlo, "hay que avanzar sobre el mito del liberalismo criollo de la ineficacia de los controles cambiarios". 



Más allá de consentir que una salida de ese tipo llevaría a un mercado negro de divisas ("en ese mercado el dólar siempre cotiza más caro y, por lo tanto, disminuye el valor real fugado", explica), Asiain añade que la implantación de controles cambiarios no es "el resultado de una tozudez estatista" sino "la expresión de que constituyen una necesidad para el normal funcionamiento de un modelo económico que aspire a algo más que brindarle ganancias especulativas de corto plazo a un grupo de operadores". 



Además, el economista propone que se acompañe esa "solución de corto plazo" con políticas que "refuercen el frente externo de la economía y despejen del horizonte económico las nubes de una devaluación abrupta: profundizar la sustitución de importaciones, limitar la remisión de utilidades y dividendos de las multinacionales, aumentar la carga impositiva sobre sectores exportadores como la megaminería, etcétera". Como se verá, un menú nada grato no sólo para los asustados operadores y una parte del sector empresario, sino también para el chiquitaje que se sigue cubriendo en dólares esperando que algo suceda. 



La segunda manifestación de los nuevos tiempos ha tenido como protagonista al juez Alejandro Catania, quien probablemente a su pesar ha sido la punta de lanza judicial de una corriente que busca descafeinar al periodismo crítico, sobre todo al de los diarios, ya que en los demás medios también se habla de inflación y de sus consecuencias y no han sido advertidos. En la investigación sobre si es agio publicar índices diferentes a los del INDEC y luego venderlos, por parte de consultoras económicas, que su juzgado lleva a adelante tras una denuncia del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el juez avanzó sobre los medios gráficos y sus periodistas, como si difundir noticias que nieguen lo que calcula el organismo oficial fuese delito. 



No obstante, lo realmente reprobable de la instrucción judicial es que en dos oportunidades solicitó que se le suministre la nómina de periodistas que escribieron sobre la inflación de 2006 a la fecha. La primera vez pidió también sus direcciones y teléfonos, pero cuando se dio cuenta del revuelo que armó, volvió a insistir con la lista, aunque ahora con la dirección y el teléfono dónde se podía ubicar a redactores y editores. Lo insólito de este segundo requerimiento es que el juez envió la cédula a la misma dirección donde los periodistas que él dice buscar trabajan habitualmente. 



Igualmente, como los diarios son públicos, es más que probable que se nieguen a darle esas listas y le faciliten el ingreso a los archivos, dónde se va encontrar con muchas notas firmadas y con otras sin firma, que son exclusivamente responsabilidad del director. A partir de esos datos que deberá recabar su propia investigación, Catania podría requerir a los periodistas que comparezcan como testigos y estos no podrán negarse a hacerlo, aunque si el juez quiere avanzar sobre la confidencialidad de las fuentes informativas, los declarantes podrán ampararse en el artículo 43 de la Constitución Nacional y en tratados internacionales. 





El tema del INDEC fue noticia además, ya que en Washington el ministro de Economía, Amado Boudou mantuvo un contrapunto a la distancia con el jefe del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Nicolás Eyzaguirre. Mientras el chileno decía que el organismo "no es confiable" y que el Fondo seguirá usando otros índices, en otro ámbito Boudou se indignaba primero ("mirar en el mundo de hoy las estadísticas de Argentina se parece mucho a cuando el capitán del Titanic iba a ver cómo sonaba el violín de la orquesta") y le retrucaba después que "lo importante no es lo que digan afuera, lo importante es que nuestra gente haya podido incorporar más consumo y cada vez logre acceder a cosas mejores". 





Con respecto a la frase del Titanic, quizás Boudou debería reflexionar en qué lugar del barco está hoy ubicada la Argentina para acceder "a cosas mejores", sobre todo en relación a sus vecinos y después de tantas demoras con el Club de París, de haberse cancelado la entrevista de la Presidenta con la número uno del FMI, Christine Lagarde, y de haberse conocido que los Estados Unidos votarán en contra a la hora de facilitarle al país créditos del BID o del Banco Mundial. 



Toda esta visión del modelo, cuyos desajustes no quieren ser reconocidos como tales al menos hasta las elecciones, es la que hoy parece prevalecer y es la que le ha hecho ganar las internas abiertas al kirchnerismo. La gente votó como votó sin que le haya importado la inflación, ni lo que publican los diarios críticos, ni mucho menos lo que diga el FMI. Pero, en paralelo, compra dólares.
Fuente: 
(*) Agencia DyN