Lunes, 19 Septiembre, 2011 - 12:30

Según la UNNE hay gran desconocimiento sobre la violencia canina

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Los casos de agresividad de perros hacia los humanos representan una problemática común, que se acentúa cuando hay niños de por medio. En un informe profesionales de la UNNE abordan el tema desde las consecuencias de los ataques de perros a chicos y del desconocimiento de los adultos sobre el comportamiento canino.

La agresión canina, una conducta que puede ser normal en estos animales, es una forma de comportamiento que sin embargo supone un riesgo potencial para la sociedad. Una mordedura puede implicar serios perjuicios: la herida en sí, el costo que ocasionan el tratamiento de la lesión o la internación del agredido, la transmisión de algunas enfermedades zoonóticas, así como el impacto psicológico que sufre el agredido.



A la cada vez más común decisión de las personas de adoptar a perros como mascotas, por motivos de seguridad en los últimos tiempos creció la adopción de perros de razas de mayor fuerza, tamaño y capacidad combativa que, por la fuerza de su mordida, se encuadran dentro de los animales potencialmente peligrosos.



En la práctica hospitalaria diaria se observa, cómo se han multiplicado los casos de personas atacadas por perros.



Según un estudio realizado por los investigadores de la UNNE, entre el año 2009 y gran parte del 2010, sólo en el Hospital Pediátrico Juan Pablo II se registraron 995 casos de lesiones por mordedura de perro, con un promedio de edad entre los 8 y 12 años. Si bien pocos casos requirieron internación y se asocian con daños menores, pueden afectar la relación humano animal.



“Pocas situaciones provocan tanta ansiedad como la mordedura de un perro en un niño. La agresión canina es un problema de comportamiento del animal que tiene una gran importancia sanitaria y social” explicó doctora Roxana Servin, autora del estudio, docente de la Facultad de Medicina de la UNNE y de médica pediatra del Hospital Pediátrico Juan Pablo II.



Justamente, sobre la conducta de los animales y la relación de estos animales con los humanos, la doctora Patricia Koscinczuk, docente e investigadora de la Facultad de Veterinaria de la UNNE, consideró fundamental no juzgar la agresividad canina como algo anormal o indebido, pues la agresividad es propia de la conducta de los animales, y, en muchos casos, es posible tomar medidas preventivas.



“Para ello se necesita identificar la causa de la agresividad y controlarla en beneficio de quienes interactúan con el animal” expresó.



Señaló que la agresividad engloba a una variedad de comportamientos que pueden tomarse como señales y que pueden ir desde sutiles actitudes corporales y expresiones faciales -gruñir, enseñar los dientes, ladrar- hasta ataques repentinos.



“Se tiene la idea errónea, pero bastante generalizada, que los perros sólo son agresivos si han mordido en alguna ocasión y esto hace que se busquen soluciones cuando es demasiado tarde” explicó la médica veterinaria y acotó que la conducta de los perros, incluida la agresión, puede ser evaluada de manera directa por medio de tests de temperamento o a través de cuestionarios muy sencillos.



Control. La especialista señaló que la educación de propietarios sobre comunicación canina y la intervención temprana en la socialización de las mascotas permitiría controlar situaciones asociadas a agresividad por Dominación, Posesiva y Protectora. Por otra parte, situaciones asociadas a agresión por miedo podrían ser tratadas en beneficio de los animales y de sus propietarios una vez identificada la causa que produce miedo.



Recordó que muchos animales son agresivos en respuesta al dolor y una simple consulta médica podría resolver la situación. Otros en cambio lo hacen frente a castigos mal entendidos como pegarles, mantenerlos atados, con privación de comida, etc.



En primavera y otoño aumenta la agresividad asociada a la búsqueda de la pareja de apareamiento, ante lo cual la castración temprana de hembras y machos colaboraría con disminuir este tipo de agresión al mismo tiempo que disminuiría la cantidad de perros vagabundos en las calles.



Koscinczuk junto a las doctoras Susana Le Brech y María Victoria Rossner, tuvieron a su cargo un estudio en el que se evaluó el comportamiento de perros de familias que conviven con los propietarios en el hogar, con el objeto de evidenciar la presencia de conductas agresivas. Se hizo el estudio con perros cuyos propietarios acudieron a la consulta clínica privada por causas ajenas a este problema, en las ciudades de Corrientes y Resistencia.



Del análisis descriptivo de los datos se pudo apreciar que un 55% de los perros mostró agresión hacia los propietarios y el porcentaje de perros con agresión hacia personas extrañas fue de 88,3%.



“Es desafortunado para las víctimas que el peligro potencial del perro no sea reconocido hasta que suceda el accidente, momento en que describe como repentina esa conducta” expresó la especialista y contó que ninguno de los propietarios encuestados en el estudio realizado en la UNNE en el estudio había acudido a la consulta por un problema de agresividad de su perro.



Estimó que esta conducta de las personas podría deberse a que los dueños en general toleran niveles bajos de agresión por largos períodos de tiempo, no reconociendo el problema hasta que el perro muerde por primera vez.



INCIDENCIA SANITARIA

Por su parte, respecto a la incidencia de las mordeduras en las estadísticas sanitarias, la doctora Roxana Servín graficó que el problema de las mordeduras es de elevada incidencia en las estadísticas sanitarias.



A nivel nacional, el Instituto de Zoonosis “Luís Pasteur” y el Hospital “Durand” de la ciudad de Buenos Aires, tienen registrado un promedio de más de 7.000 atenciones anuales por mordedura de perro, aunque aseguran que esa cifra representa solo el 40% de los ataques que se producen en Capital Federal. En Buenos Aires se atienden anualmente en organismos oficiales 100.000 personas con lesiones causadas por caninos y el 20% debe iniciar profilaxis antirrábica por falta de un certificado de vacunación antirrábica del animal.



En Corrientes la mordedura de animales en niños es motivo frecuente de consulta y de las mismas el 90% corresponden a ataques de perros. Constituyen el 0,71% de las consultas en la emergencia.



“La cantidad de casos seguro que son más de los registrados, pues hay un subregistro ya que no todos los niños mordidos por perros son llevados a consultas, algunos por tratarse de lesiones leves, otros por minimizar el hecho, muchos por falta de medios para concurrir al centro de salud, y otras tantas causas” señaló Servin.



Agregó que más del 70 por ciento de los chicos mordidos tiene más de seis años, y del total de niños atendidos el 67% son de sexo masculino, lo cual podría estar relacionado al tipo de juego más brusco a dichas edades y a la menor supervisión de los adultos.



Comentó que según lo que se observa o se interroga en las atenciones de emergencia, es común comprobar que la mayoría de los niños no interpreta las señales de agresión que muestran los canes, y en gran parte de los casos la agresión está dada por molestias al perro cuando éste se encuentra durmiendo, comiendo u otras circunstancias.



“Es fundamental insistir en la promoción de la salud mediante la difusión a la población sobre cómo tratar a una mascota, las consecuencias que puede tener una mordedura y sus complicaciones, con el propósito de prevenirlas o minimizarlas” concluyó Servín.