Sábado, 17 Septiembre, 2011 - 20:37

ANÁLISIS
Tregua

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El debate por los salarios no tiene tregua y, por el contrario, se intensifica en estas épocas de inflación y con mucho ruido político como trasfondo. Cuando recién, hace apenas pocas semanas, algunos gremios terminaron de percibir los aumentos de sueldo para 2011 pactados en cuotas, ya se reavivó la discusión por los incrementos para el próximo ciclo.

La cuestión no debería llamar la atención si se tiene en cuenta que es consecuencia lógica de la persistencia de los aumentos de precios, fundamentalmente en productos de primera necesidad vitales para la subsistencia diaria.



Lo mismo si se contempla que desde hace muchos años no se trata de mejoras salariales preventivas, sino de recuperación ante la constante pérdida del poder adquisitivo de los haberes.



Pero el caso adquiere otra dimensión en estas circunstancias, donde confluyen el clima de un año electoral y la pulseada cada vez más ríspida entre el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y Hugo Moyano, jefe de los camioneros y de la CGT que aún se dice oficialista.

No es secreto para nadie que el pope gremial está cada vez más distanciado de la administración y de la Presidenta. Pero también es indudable que el sentimiento es mutuo y que el propio Gobierno -ahora aliado con un importante sector de los empresarios- arrima leña a la hoguera.



En los últimos días retomó fuerzas la versión acerca de la intención de las autoridades y del sector empresarial de ponerle coto a las aspiraciones salariales de los sindicatos, a esta altura sin importarles el color político de estas organizaciones.

El Gobierno -que también es un fuerte empleador- ve abonada su postura con el hecho fundamental de que, salvo catástrofe impredecible, conseguirá un aval contundente en las elecciones del 23 de octubre, al estar de los antecedentes de las primarias del pasado 14 de agosto.



Y los empresarios, en gran medida, ya han dado muestras de su pragmático oficialismo actual. Para ello no hay más que repasar la postura expresada por el jefe de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, en la comida anual del Día de la Industria que se hizo en el terreno visitante (gubernamental), como fue la sede de Tecnópolis.



De allí que no puede causar sorpresa una acción conjunta para, en este caso, poner límites a las pretensiones salariales.



Según los trascendidos surgidos aún a modo de globo de ensayo, la pauta para 2012 deseada por Gobierno y empresarios no debería ir más allá de 20 por ciento. Y si es inferior, mucho mejor.



La de 2011, cabe recordar, tuvo un piso de 24/25 por ciento, si se considera que esos fueron, en el primer caso, el índice del aumento firmado por el gremio Camionero de Moyano -al menos es lo que se anunció en la Casa Rosada- y, en la segunda instancia, el de la mejora del Salario Mínimo, Vital y Móvil.



Si la intención era sondear una reacción, Moyano no se hizo esperar. Apenas unos días después de amenazar con la confrontación si avanzan sobre el poder de los sindicatos, volvió a recoger el guante y avisó que si le ponen techo a la negociación salarial está dispuesto a ir por todo. Incluso puso en duda, en caso de que haya limitaciones, la utilidad de un instituto que es la quintaesencia de los sindicatos, parte de la savia de la vida gremial, como las paritarias.



Moyano alertó en Tucumán, -donde expuso como en los últimos tiempos en una universidad- que si ponen topes a las paritarias "habrá que hablar de otros temas, como la inflación, el mínimo no imponible, el mínimo vital y móvil y los topes para el cobro de las asignaciones familiares".



Pero no se quedó allí y volvió a apuntar directamente a la Presidenta: "Cristina no puede darme órdenes a mí, porque somos un gremio independiente", dijo el camionero, de acuerdo con sus afirmaciones publicadas por La Gaceta de Tucumán. Días pasados, vale recordarlo, había dicho que a él no lo ponían ni lo sacaban de la CGT la Presidenta o los ministros.



Tampoco hay que olvidar que Moyano y Néstor Kirchner se ocuparon oportunamente de establecer coto a las demandas de aumento salarial, en el marco de su alianza de mutuas necesidades y conveniencia. Pero la ausencia de Kirchner trastocó el panorama y hoy es otro cantar, con Moyano y la Presidenta enfrentados.



Y así, como se preveía, ante cada estoque que reciba Moyano responderá con creciente dureza. El jefe cegetista sigue avisando a quienes consideran que ya debe estar a un costado del escenario político que no ofrendará gratis su posible caída, y les aconseja -ya no tan implícitamente- que piensen si les conviene tenerlo de su lado o enfrente.



La traducción inequívoca es que si no disminuyen los decibeles de la discusión, inevitablemente irá asomándose el momento de los hechos. Y esta pelea, aún dialéctica, hoy por hoy prácticamente sólo permite percibir el acercamiento de una riesgosa agonía de la tregua.
Fuente: 
(*) Agencia DyN