Jueves, 15 Septiembre, 2011 - 08:05

Democracia o autoritarismo

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En nuestro sistema democrático somos los ciudadanos los que conferimos autoridad a nuestros gobernantes, en sus distintos niveles, para que haciendo uso de sus mejores cualidades, las aprovechen para beneficio de todos, para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos.

Son esas autoridades que elegimos las que deben asegurarnos los beneficios de la libertad, de todos los derechos y obligaciones que tenemos como ciudadanos. Son ellos los que deben rendir cuentas permanente de sus gestiones.



Ellos deben manejar los dineros públicos con una transparencia total y con la prudencia que merece cada circunstancia, cada etapa. En las de bonanza se deberá invertir para el desarrollo que favorezca a todos, a los más necesitados, que siempre deberían ser la prioridad, pero también a los trabajadores, que producen, a quienes crean trabajo y riqueza. Para todos deberán invertir, no sólo los dineros públicos, deberán fijar normas claras que regulen la convivencia y que sean respetadas por todos, gobernantes y gobernados.



Cuando alguien es elegido gobernante, debería asumir responsabilidades mucho mayores que el común de los habitantes. El ser elegidos es un honor, pero también un compromiso. Es fundamentalmente un compromiso.



Ese compromiso debe ser el de respetar a rajatabla los preceptos constitucionales y legales, el convertirse en ejemplo de mesura, de probidad, de capacidad. La función pública jamás debería ser utilizada para promocionarse ni para enriquecerse a costillas de los demás. Debería ser el lugar desde donde se buscan los grandes acuerdos y consensos que permitan encontrar las formas adecuadas para construir entre todos el presente y el futuro que nos debemos. Un futuro sin dueños de la verdad absoluta, sin enfrentamientos estériles, sin inseguridad, sin abusos, sin corrupción.



El gobernante elegido debería ser un estadista, capaz de soportar las críticas, capaz de aprovecharlas para mejorar lo que haya que mejorar, capaz de dar información cuando se la solicitan quienes tienen la obligación de controlarlo.



Nada de eso ocurre últimamente, pareciera que lo único que les interesa es conservar los privilegios que otorga el poder. Pretenden acumularlo, convertirlo en el poder del pensamiento único, no tienen pruritos en cambiar hasta la historia, si es necesario para lograrlo. Utilizan un momento circunstancial y excepcional de crecimiento económico, para hacer obras adeudadas hace mucho tiempo, hace muchos gobiernos, incluidos los del propio signo político, que son los que gobernaron nuestra provincia la mayor parte del tiempo. Nuestro actual Gobernador, con una larga carrera política, lo sabe bien, él fue Secretario Privado del entonces Gobernador el Dr. Baroni y fue importante funcionario durante los gobiernos de Menem, de Duhalde, de Kirchner. A todos ellos sirvió fielmente, aunque a muchos les resulte inexplicable o difícil de entender.



Las obras públicas se hacen cuando se pueden hacer, muchas de ellas están proyectadas desde hace muchísimos años, por otros gobernantes de igual o de distinto signo político. No se hicieron antes porque no se pudieron hacer, porque había siempre otras urgencias y otros presupuestos mucho mas escasos. Se podrían hacer muchas mas obras si la Nación cumpliera con sus compromisos, si nuestros gobernantes exigieran a la Nación lo que nos corresponde, como Provincia autónoma y constituyente de la Nación misma.



Se podrían hacer muchas más obras si no se mantuviera esa actitud sumisa y mendicante; si no se pagaran sobreprecios, si no se malgastaran fondos de todos, o muchos de ellos fueran a parar a la corrupción.



Algunos conocedores hablan que en el último año, alrededor de dos mil millones de pesos destinados a la provincia, fueron malgastados por falta de controles, o directamente fueron a parar a ese enorme agujero negro que se llama corrupción. De ser ciertas estas cifras, cosa que estimo como muy posible, no hay provincia que resista semejante saqueo sin pagar los costos que se pagan en inseguridad, en desempleo, en clientelismo, en una pobreza estructural que afecta a miles y miles de comprovincianos, condenados a vivir como rehenes de un gobierno que los necesita pobres para siempre.



Un gobierno que niega la inseguridad, niega la inflación, niega las necesidades de la gente. Un gobierno que ahora habla de licenciaturas en seguridad, sin tener idea siquiera de lo que significa la inseguridad. Y cuando hablo de inseguridad no estoy hablando sólo de la inseguridad urbana, la del centro, estoy hablando de la muchísimo mayor inseguridad que afecta a la periferia, a quienes menos tienen, a quienes dicen defender. Para ellos no hay ley, no hay fuerzas de seguridad que los protejan. No solamente los afecta la pobreza económica, los afecta fundamentalmente la exclusión, el sentirse permanentemente sospechados, maltratados y hasta extorsionados por quienes tendrían la obligación de protegerlos, los afectan todos los tipos imaginables de violencias y corrupciones que existen, las políticas, las legales, las policiales. Son rehenes permanentes de la pobreza y de los gobernantes que se aprovechan de su exclusión. Decía Eva Perón que donde hay una necesidad hay un derecho. No alcanzarían los códigos, si así fuera, para registrar esos derechos y esas necesidades.



Las obras públicas se deberían hacer casi en silencio, son una obligación y no un medio publicitario.



Nuestro Gobernador se pasa el dia entero inaugurando y reinaugurando obras hechas con el dinero de todos, no con sus propios dineros. Obras realizadas en cumplimiento de sus obligaciones. La obligación del gobernante es hacer cosas por la gente y no para su propia propaganda. Cumplimiento de sus obligaciones a medias, porque con tanto fondo fiduciario, con tantos acuerdos con la Nación para estudios, mensuras y consultorías, nunca se sabe bien cuanto terminan costando ni a dónde van a parar los fondos que no se explican.



En una verdadera democracia todo debería ser mucho más claro, menos enredado. Se producirían así ahorros, importantísimos ahorros, que permitirían a la vez brindar verdaderas mejoras a la calidad de vida de los habitantes, de todos los habitantes, no solamente la de los amigos y familiares. Si es época de riquezas, todos debemos participar de sus beneficios, entre todos deberíamos consensuar las prioridades y los objetivos. Entre todos deberíamos hacer que se distribuyan equitativamente, pensando también en el futuro, no despilfarrándola.



La soberbia y la prepotencia no le hacen bien a la democracia. Y este gobierno es soberbio y prepotente, autoritario con tendencia a totalitario. No admite pensamientos distintos. Para él, todos los que pensamos distinto somos gorilas, antipatria o no queremos la justicia social. Somos enemigos como dijo Hebe de Bonafini. Cualquier crítica es tomada como un insulto o un agravio.



Recuerdo la amenazante Carta Documento que le enviara Lotería Chaqueña a una digna señora por preocuparse por el cumplimiento de aquel concurso del alfajor chaqueño. Concurso que parecía iba a darle al vencedor la posibilidad de construir una empresa pujante. Recuerdo las amenazas de inciarle todo tipo de acciones a la señora que se preocupó, no recuerdo siquiera haber escuchado a alguien contarme que había probado ese alfajor.



También recuerdo el atrevimiento y el abuso desmesurado, de un poder que nadie le confirió, al señor Gobernador, pidiendo mis datos personales al director de un sitio, sin fines de lucro, donde escribo. Un gesto prepotente, altanero, soberbio, amenazante por demás. Quizá pensó que, como no tengo fueros, me iba a causar miedo.



Gestos que muestran un grado de intolerancia, absolutismo y totalitarismo que se convierten en muy peligrosos para la existencia misma de la democracia y de las instituciones republicanas. Gestos que repugnan y hacen dudar profundamente de sus principios democráticos.



Ganar o perder una elección no hacen a la democracia, sólo le dan origen. La democracia se va construyendo cada dia. Cada logro y cada fracaso son un nuevo comenzar.



La República no es sólo un nombre, es un sistema donde cada uno cumple su función para servir a la gente, no para servirse ni para autoadularse. La República es el sistema donde cada poder cumple su propia función y además controla que los otros poderes cumplan con la suya.



El Poder Ejecutivo, es decir, el Gobernador, es sólo uno de esos poderes. Por más que pretenda quedarse con la totalidad del poder, lo que lo transformaría en un dictador o en un tirano, dependiendo de las circunstancias. Necesita de los contrapesos de los demás poderes, necesita de los controles y del equilibrio que le brinda al poder el saberse controlado.



Sea quien sea el que gane esta próxima elección, debemos generar ese equilibrio que, especialmente necesita el Poder Ejecutivo. ¡Claro que debemos mejorar también el funcionamiento de los demás poderes! Pero para mejorarlos necesitamos que existan, que nadie los tenga dominados.



Sé que mucha gente está disconforme con la política en general, yo también. Sé que hay muchas cosas que cambiar y que algunos dirigentes han deshonrado la historia de algunos partidos políticos, incluido el mio, debemos cambiarlos a los dirigentes, rectificar todas las estructuras necesarias, pero no por ello debemos destruir nuestro sistema republicano, que es lo único que tenemos como garantía de nuestro futuro y de nuestra libertad.



Que su voto no sea en blanco. Los últimos años nos han demostrado, tanto en la provincia como en la Nación, la necesidad de tener legisladores que no actúen como mano de obra barata del Ejecutivo, aprobando con los ojos cerrados todo lo que les mandan.



Yo apoyo a Nikisch porque cuando le tocó gobernar, en circunstancias muy diferentes, con presupuestos muy diferentes a los actuales, lo hizo con probidad y equilibrio. Lo apoyo pensando en ayudarlo cuando lo considere que acierta y en criticarlo, tan duramente como a cualquiera, cuando lo considere conveniente para la Provincia. Las obsecuencias siempre son malas. Nikisch trató de corregir errores y deshonestidades.



Pero no interesa tanto si gana Nikisch o Capitanich, los Diputados que elijamos tienen que ser el equilibrio que necesita todo gobernante. Mucho más si quien triunfa, tiene vocación absolutista .



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