Miércoles, 14 Septiembre, 2011 - 17:42

Cuando los 11 muertos no han sido una lección para nadie

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Nadie quiere cargar con los 11 muertos de la tragedia ferroviaria de Flores. Es comprensible en el plano humano y hasta en términos políticos, aunque lo que no se entiende es la irrespetuosa velocidad que han tenido los protagonistas para salir a disputar espacios, a través de una pelea pública que azora.

Lo primero que se ha visto en estas primeras horas es que todos han buscado desentenderse y que sólo se dedicaron a pasarle mezquinamente la pelota al rival, a hacerle daño. Nada de sentarse juntos para encarar soluciones serias y sustentables que ayuden a resolverle la vida a la gente.



Lo del gobierno nacional es algo tan habitual que para muchos es apenas un dato de su propia naturaleza. El kirchnerismo es el propietario de todos los logros y cuando hay un factor que desequilibra su relato, la culpa es de los demás. La prensa lo sabe en demasía.



Más en un caso donde la desidia de gestión de un Estado al que tanto se reivindica ha quedado expuesta con tanta crudeza. Los carteles de promoción del mismo soterramiento anunciado cuatro veces, uno de ellos desplegado frente al colectivo desintegrado, eximen de mayores comentarios.



Igualmente, no parece raro que proceda así un gobierno al que tanto le cuesta interpretar el consenso y que cree que las "políticas de Estado" son siempre las propias. Tampoco resulta extraño, entonces, que cuando tiene una dificultad grave, se quede solo.



Por el lado del gobierno porteño, las críticas por querer sacarse el sayo le caben en primer lugar al ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, quien señaló que los vecinos están trabando con recursos de amparo los túneles de paso seguro llamados "sapitos". Los términos de la denuncia son esencialmente verídicos, ya que muchos de los amparistas han sido incentivados por abogados que quieren sacar tajada a costa de los contribuyentes porteños, pero el oportunismo que se le critica al funcionario fue el de denunciar lo sucedido en la calle Artigas como si fuera exactamente lo mismo que está pasando en muchos otros lugares de la ciudad.



Después hay que contabilizar las bajezas de la empresa TBA, concesionaria subsidiada por el Estado nacional y responsable del funcionamiento del paso a nivel que, al descubrir con una cámara de la Policía Metropolitana que un camión de basura había roto la punta de la barrera en la madrugada del accidente, le imputó toda la responsabilidad al gobierno porteño.



El conventillo siguió luego con las pullas entre Mauricio Macri ("despilfarro y clientelismo") y Julio De Vido ("declaraciones mezquinas") y en esa línea de escándalo probablemente se registren nuevos cruces que desmentirán de algún modo el nuevo espíritu de colaboración que algunos advertían entre ambos gobiernos.



La obra del soterramiento del Sarmiento, como la de la eliminación de la mayor parte de los cruces a nivel de los demás ferrocarriles, debería ser una política común para el Area Metropolitana, donde tendrían que concurrir los tres gobiernos, tal como sucede en el saneamiento del Riachuelo y como debería serlo la seguridad, la salud o hasta el recorrido de los colectivos. Así, con más compromiso hacia el futuro en función del bien común y con menos chicanas que intenten diluir las responsabilidades propias para endilgárselas a los demás, probablemente ganar elecciones tenga mejor sabor.



Fuente: DyN