Miércoles, 14 Septiembre, 2011 - 13:19

Opinión de nuestros lectores
Ese cáncer llamado corrupción

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Por corrupción se entiende, todo abuso de poder realizado a través de la función publica que tenga la intención de obtener un beneficio personal.

En el libro "La corrupción y los gobiernos: causas, consecuencias y reformas" de Susan Rose Ackerman, (editorial siglo veintiuno de España editores) dice: "Los pagos corruptos para obtener grandes contratos y concesiones constituyen el coto de los grandes negocios y funcionarios de alto nivel...y frecuentemente implican a empresas multinacionales que operan solas o con socios locales...y representan un gasto sustancial de fondos y ejercen un impacto fundamental en el presupuesto gubernamental y en las perspectiva de crecimiento del país"



Ya que la corrupción es un mal que deambula bailando con el poder, seducida por el canto de sirenas de "los negocios públicos" y se arrastra impetuosa en su entramada vitalidad. Y es imposible cortarla de raíz, porque está en las células de todo Estado, de todo organismo político, donde el poder se haga presente.



Sin embargo, pueden aplicarse medidas que ayuden a controlarla, organismos que actúen de catalizador, para que inhiban el crecimiento de este monstruo que se va carcomiendo día a día la eficiencia y la honestidad de las políticas de Estado. Limitando su crecimiento y abultando presupuestos con la finalidad de hacer obras que solo impliquen la mitad del gasto de lo que figuran en los contratos. Así sobrevaluando los precios, algo se desvían del destino final, hacia intereses oscuros.



Como dice Susan Ackerman en su libro: "Necesitamos un conocimiento más sistemático de como la corrupción y el enriquecimiento personal afectan la actuación de los programas de gobierno y de los mercados privados".



Al respecto en el Tercer Encuentro Mundial de Valores realizado en Monterrey-México, el Dalai Lama dijo que "la corrupción es el mayor cáncer que afecta a todos los países...y debe ser controlada por el Poder Judicial y el Poder Legislativo...pero evidentemente no son efectivos" (fuente: www.vanguardia: "corrupción, nuevo cáncer: Dalai Lama").



Ya que su metástasis va invadiendo todas las áreas del poder, propagándose lentamente y creando nuevos tumores que son devastadores del tejido institucional del Estado.



Porque el "ser corrupto" se viste de hipocresía, tratando de alejarse de todo cuestionamiento que lo acerquen o que lo relacionen con ese mal enquistado en las altas esferas al que pertenecen, en tanto que son parte del mal, aunque lo nieguen. Y aunque se disfracen de honestos. Como dijo el Dalai Lama "...hay quienes ejercen actos corruptos y a la vez le rezan a Dios...si respetan a Dios no deben ser corruptos...si se es corrupto debería dejar de rezar a Dios".



Pero ¿como verá Dios a los corruptos? ¿Serán condenados por su hipocresía? San Pablo dijo en Colosenses3,5: "que la avaricia es idolatría" ,ya que el corrupto en ese "afán excesivo a la riqueza" solo adora el dinero y las posesiones, olvidándose de la ética y de los valores.



Bien dice San Mateo en 6,24 "Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo". El corrupto ¿sirve al Estado, o sirve a sus beneficios personales? ¿Estará pensando en que es beneficioso para el pueblo o que es beneficioso para su cuenta bancaria? ¿Estará interesado en las carencias de la gente, en la pobreza de su pueblo, en que haya más viviendas, en que no haya niños desnutridos, familias sin trabajo, chicos deambulando en la calle, que no haya inseguridad, que los hospitales cuenten con todos los insumos necesarios para brindar un óptimo servicio de salud? O pensará en cuantas propiedades se comprará, en el auto de alta gama que conducirá o en aquel viaje soñado que hará, en tener su propio barco o su avión privado?



Porque la corrupción le hace flaco favor al crecimiento económico de un país. Ya lo dijo Ackerman que los "altos niveles de corrupción se asocian a bajos niveles de inversión y de crecimiento."



Si bien "No se puede servir a Dios y al dinero" dice la Biblia, pero la historia revela que ambos caminan juntos. Aunque desde lo material claro, ya que sin dinero siquiera se construye ni se mantiene un templo, una iglesia. Pero una cosa es el dinero con fines benéficos, de subsistencia, otra cosa es la codicia y la avaricia.



Aunque en las cosas del espíritu, allí donde mora lo divino, el dinero carece de valor. En ese recodo del alma donde la conciencia permanece desnuda de toda máscara, donde se refleja el verdadero ser, la codicia y la avaricia no tienen cabida. Y la acumulación de acciones equivocadas termina carcomiendo las conciencias. Lo dijo el Dalai Lama "que la gente con mucho dinero no ha alcanzado la felicidad en su mente”. Tiene a la larga, una vida apagada, por más que vendan una imagen de triunfo y derroche. Y ese dolor y vacío del alma, la llenan con vicios para adormilar sus carencias.





Del mismo modo un país que no trata de detener el crecimiento de la corrupción de las entrañas del poder, pierde credibilidad, sus gobiernos, sus funcionarios e instituciones pierden respeto, porque han abandonado la ética en el manejo de la cosa publica, desconocen la honestidad y no son probos en la ejecución de sus acciones. 



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