Miércoles, 14 Septiembre, 2011 - 06:55

Después de 35 años
Comenzó el juicio por delitos de lesa humanidad, ocurridos en la "La noche de los lápices"

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El viernes 16 de septiembre se cumplen 35 años del secuestro de un grupo de estudiantes secundarios en la ciudad de La Plata, arrancados de sus casas en un operativo militar conocido como “La Noche de los Lápices”, y cuyos responsables son juzgados desde este martes por crímenes de lesa humanidad.





Aunque la persecución, el secuestro y la desaparición de estudiantes no tuvo sus primeras víctimas ese día, entre la noche del 15 y el 16 de setiembre de 1976 se produce el secuestro de la mayor cantidad de jóvenes, por lo que se estableció la fecha para recordar los hechos.



Esa madrugada diez alumnos de la Escuela Normal Nº3 de La Plata, que tenían entre 14 y 18 años y militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios, fueron secuestrados de sus domicilios por un grupo de tareas del Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y de la Polícia de la provincia de Buenos Aires.



Los jóvenes militaban en defensa de los derechos estudiantiles y habían participado de una protesta para reestablecer el boleto estudiantil, suspendido en 1975. Para justificar el operativo, el titular de la bonaerense, Ramón Camps, adujo que se realizaba por el accionar subversivo en las escuelas.



Daniel Alberto Racero, Horacio Ángel Ungaro, Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio De Acha y María Clara Ciocchini continúan hoy desaparecidos.



De los cuatro que sobrevieron a las torturas y vejaciones -Emilce Moler, Pablo Díaz, Gustavo Calotti y Patricia Miranda-, tres pudieron dar testimonio del horror ante la justicia.



Ellos reconocieron que estuvieron en los centros clandestinos de detención de Arana, Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes, Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires y las Comisarías 5a., 8a., y 9a. de La Plata y 3a. de Valentín Alsina, en Lanús, y el Polígono de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires.



Según el historiador Norberto Galasso, la apreciación sobre los hechos conocidos como "La Noche de los lápices", “con el tiempo fue corrigiéndose y dejó de interpretarse como el producto de chicos inocentes que reclamaban un boleto”.



En algunos familiares se empezó a señalar que formaban parte de un movimiento revolucionario y que esa lucha estaba integrada a una concepción de cuestionamiento al orden de la dependencia que había instalado la dictadura militar, dijo.



Para Galasso, es difícil cuál de las dos versiones es más correcta, y se permitió dudar porque en la fecha en que se produjo no parece que correspondiese a algo estratégicamente planeado por una dirección política.



En el análisis de la realidad de la época, el historiador consideró que los estudiantes eran un grupo de jóvenes rebeldes e idealistas que querían cambiar las cosas y que no estaban muy sujetos a una dirección estratégica política, aunque estaban perfectamente catalogados por los servicios de inteligencia de la dictadura militar.



Después de 35 años, "La noche de los lápices" fue escribiendo nuevas páginas en la historia, y según Galasso se debe, entre otras razones, a que en la ciudad de La Plata las figuras de la represión fueron tan siniestras que pasaron a ser símbolos de la represión, como Camps y (elex comisario, Miguel) Etchecolatz”.



Sobre las diferencias entre los movimientos juveniles de los `70 y los actuales, Galasso explicó que la juventud de hoy va hacia un proceso de transformaciones profundas” y que su alto nivel de participación se verificó con los festejos por el Bicentenario y con el velatorio de Néstor Kirchner, el 27 de octubre pasado.



Todo lo vivido en nuestro país da lugar a que haya una predisposición a actuar más políticamente y no colocar la violencia por encima de la política, reflexionó. Galasso recordó una anécdota en la casa de Arturo Jauretche, donde el escritor y político le dijera que “nunca le había hecho asco a pelear con el fusil en la mano, pero que nunca la violencia puede ponerse por encima de la política.



A veces en las luchas políticas, llega un punto en que la violencia surge, pero nunca la política debe estar subordinada a ella, consideró el historiador. La historia de terror que vivió la Argentina por esos años, marcan -según Galasso- la impronta de la época actual porque ha influído para que se pueda comprender que hay que hacer política y dar un discurso cuestionador al mismo tiempo que tener una gran organización y actuar tácticamente de acuerdo a las posibilidades y circunstancias”.



En tanto, Mario Pacho O`Donell, al analizar los episodios señaló que la represión de la dictadura cívico militar contó con asesoramiento en “aterrorizar”, alcanzando a sectores poco comprometidos o algo distantes con el solo fin de paralizar a sectores amplios de la población.



Centrar la represión en jóvenes de colegios secundarios tuvo esa finalidad, era como para demostrar que nadie estaba excento de sufrir las consecuencias, puntualizó



Al trazar un paralelo entre la militancia juvenil en los años `70 y la actual, el historiador señaló que en estos momentos hay un despertar que significa que la sociedad se va curando después de dos generaciones criadas bajo la idea de que el compromiso significaba un peligro muy grande.
Fuente: 
Télam