Lunes, 12 Septiembre, 2011 - 13:02

Correo de nuestros lectores
Entre lo que se quiere... se dice y se hace

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La palabra “educación” está en boca de todos, casi como una muletilla y un pedido de auxilio casi “póstumo”, porque lo que se vive, se presume, que es por falta de educación en todos los ámbitos.

Hace años atrás la escuela primaria era de cursado obligatorio, luego se habló de extender hasta el tercer año.



¿Obligatorio para quiénes y para qué? La pregunta puede sonar ignorante.

Si fuera obligatorio en alguno de sus niveles, significaría que se llevaría un control desde el Estado, desde las instituciones, desde los censos, de quienes concurren a las escuelas, de quienes abandonan los estudios.



No pasaremos por alto el esfuerzo que significó la escuela de verano con un objetivo que habrán evaluado los resultados en rendimiento y repitencia..



Pero pensemos juntos: los chicos que tienen problemas de aprendizaje, necesitan un acompañamiento especial, y modalidades especiales, atenciones especiales, sin ser éstos precisamente discapacitados mentales, sino que su bajo rendimiento responde a otras causas, sociales, afectivas, nutricionales, etc.



La tarea del docente debería estar acompañada por profesionales que cubran estas falencias, y hasta a veces contar con un comedor. El análisis sociológico del fenómeno es para otro momento.



Si no se resuelven las necesidades, las carencias, no podremos hablar seriamente de educación, porque hay vacíos, carencias, y hasta vicios-

Hay que ocuparse de esos “espacios” con estrategias que permitan lograr un buen resultado del objetivo planteado en “el queremos”.



Los padres o tutores muchas veces no están preparados para hacer el seguimiento o contención. Los modelos y circunstancias familiares han cambiado.



Estos alumnos al sentirse frustrados y camino al fracaso debilitan sus esfuerzos y al ser la concurrencia voluntaria,, optan por no cumplir.



¿Quién hace que se cumpla la asistencia? Muchos provocan quedar libres para tener la excusa que no se los admite más, para ellos el esfuerzo se manifiesta en desgano, desobediencia o rebeldía.



¿Quiénes hacen el seguimiento escolar? Las evaluaciones sólo hablan de un resultado final.



¿Quiénes son los que “registran” a los que abandonan?

¿Quiénes instan para que regresen y tengan un estímulo y control para concienciarse que es parte de la formación ciudadana?



¿Qué hace el Estado, el Ministerio cuando recibe la nómina de los que desertan o fracasan?



¿Información o acción? Las causas serán múltiples, pero es competencia del área y de un apoyo interdisciplinario.



¿Quiénes ofician de tutores pedagógicos y como ejercen sus roles.? ¿Los hay en todas las escuelas?



Cuando un número considerable fracasa, merece un exhaustivo análisis y replanteo y medidas de fondo. ¿Porqué dejan, porque no les gusta, porque no se sienten en su lugar, porque no son concientes que es para bien de ellos? ¡Cuántos porqué! Pero ocurre.

Es necesario que los chicos creen vínculos más fuertes con su escuela, contrario al deseo de abandono y rechazo, que alcancen a sentirlo casi como “su refugio”.



Aunque parezca torpe, un alumno sin afecto, sin confianza y sin contención, mal nutrido es un potencial desertor escolar.



La tarea es ardua agentes como: los psicopedagogos, tutores, trabajadores sociales, permitirían que el maestro cuente con una red que los acompaña en una situación que difiere mucho tiempos anteriores y hasta los sorprende y les crea malestar.



Antes, es cierto hace mucho, los hogares recibían la visita cuando se creía que podían perder el rumbo de futuro. Era la visita de su maestro, ahora puede ser otro agente, quizás social, pero tratemos de hacer lo que se dice y lo que se quiere: bregar por jóvenes con futuro.



Son muchos los que deambulan ociosos por nuestras calles, creyéndose libres, pero presos de su propia ignorancia



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