Domingo, 11 Septiembre, 2011 - 10:02

De domingo a domingo
La gente vota todos los días, no cree en perejiles, se escandaliza con Shocklender y compra dólares

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Más que dividido casi por mitades, el país que conforma la opinión ciudadana se ha mezclado. Las separaciones son claras: están los que creen que Cristina Fernández es garantía de gobernabilidad y que esa férrea conducción explica el rotundo 50,24%, y un disperso 49,76% que apuntan a desvíos institucionales, la inseguridad y la corrupción.

Más que dividido casi por mitades, el país que conforma la opinión ciudadana se ha mezclado. Las separaciones son claras desde la motivación del voto pasado y aún del futuro ya que, desde un costado, están los que creen que Cristina Fernández es garantía de gobernabilidad y que esa férrea conducción, que los tranquiliza mucho más que la fragilidad de una oposición atomizada, junto a la bonanza consumista y la protección social es suficiente argumento para explicar el rotundo resultado de las primarias de agosto: 50,24%.

Por otro lado, se alinean quienes no se bancan los desvíos institucionales y se hacen cruces por la inseguridad, la corrupción, las mentiras estadísticas y el autoritarismo, mientras señalan las dificultades económicas del modelo, con eje en la inflación, la falta de inversión y la pérdida de los superávits. Estos no han encontrado en el disperso 49,76% restante una vertiente común que canalice las rectificaciones que solicitan. Lo singular de la mescolanza que se ha dado por estas horas involucra esencialmente lo pragmático, ya que resulta bastante evidente que muchos de aquellos que adelantaron en agosto que van a reelegir la Presidenta en octubre, a la hora de votar en el día a día con el bolsillo se cruzan de vereda y consumen la mercadería menos esperada por el Gobierno: dólares.



Tanto es así, que la propia presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont ha señalado que 45% de las compras de divisas que ha tenido que atender el Banco Central con sus reservas durante la semana que pasó ha sido motorizada por el público minorista y no por los bancos o las grandes corporaciones, como en otras ocasiones. Los operadores del mercado de cambios llevan ese número a 70%, pero en este punto, y más allá de los porcentajes, la simple observación indica que, a la hora de la protección, todo lo demás queda de lado. En términos políticos, también podría decirse hacia adelante que al menos una parte del voto a CFK no es ideológico y podría mutar. Pero habría que considerar también los porqué de esta decisión del público, que ha obligado al BCRA a hacer gala de su amplio poder de fuego y sacrificar unos 600 millones de dólares en lo que va de setiembre (más las ventas a futuro y los aportes de la ANSeS y el Banco Nación). ¿Es algo local, es internacional o una suma de ambos factores? La volatilidad de los mercados externos que surge de la situación que no termina de resolver Europa, especialmente con el caso de Grecia o la disputa entre demócratas y republicanos en los Estados Unidos para inyectar dinero en su economía, le genera a los inversores menos informados cierta zozobra. Esa incertidumbre internacional es captada también por los más sofisticados, quienes pueden estar pensando en un parate mundial que haga caer el precio de las materias primas o bien en una abrupta devaluación en Brasil o en que se frene su crecimiento, lo que podría golpear a la Argentina. Sin embargo, y aún dejando de lado que en el kirchnerismo son pocos los que creen que los consumidores votan todos los días, ya que le tienen ojeriza a los mercados, Marcó del Pont atribuyó la demanda de dólares a cuestiones locales, como una supuesta "incertidumbre" propia del período preelectoral, lo que en términos políticos llama la atención ya que para el resto del Gobierno la reelección de la Presidenta será un mero trámite. "Son pequeños ahorristas, los quienes tienen menos información", subestimó la funcionaria: "no saben que cualquier rendimiento del dólar hoy es bajo respecto del que puede dar otro activo en pesos, hasta un plazo fijo", añadió. El punto es que esos pequeños ahorristas, tanto como los grandes, no sólo saben muy bien lo que deben saber en cuanto a los rendimientos presentes, sino que compran billetes porque dudan sobre lo que podrá pasar mañana.



Sin tomar en cuenta que entre la gente existe la percepción de un divorcio entre el ajuste de los precios internos y el ritmo de depreciación del peso, con el consecuente aumento de costos en dólares, Marcó del Pont consideró que la cotización de la divisa estadounidense se elevó porque se instaló la idea de que el tipo de cambio está atrasado y que el Gobierno lo corregirá después de las elecciones presidenciales.



"La política (de flotación administrada) seguirá siendo la misma después de octubre", dijo la economista, como una forma elíptica de despejar, sin nombrar la palabra maldita, alguna devaluación abrupta luego de las elecciones. Como en el léxico oficial está prohibida la palabra ajuste, por ahora, no se habla de frenar el gasto ni de reducir la emisión monetaria, sino que la única estrategia es proclamar que hay reservas suficientes, es decir dólares para todos.



Lo que quizás el voluntarismo de Marcó del Pont no tomó en cuenta a la hora de cumplir con el discurso que se espera de su cargo es que la memoria colectiva indica que cuando un presidente del BCRA (o un ministro de Economía) sale a hablar para pasar un mensaje tranquilizador sobre el dólar, la gente piensa que es "por algo" y cree menos. Por cualquiera de todas estas circunstancias o aún por todas a la vez, lo concreto es que el primer reflejo que tiene el argentino medio, aún prescindiendo de los resultados electorales, es correr hacia el dólar y eso podría estar sucediendo ahora mismo con mayor virulencia, con destino hacia la fuga de capitales (U$S 12 mil millones en el año) o aún hacia la dolarización de sus propios depósitos, como lo demuestran los aumentos de los saldos en cajas de ahorro y plazos fijos en moneda extranjera.



Salvo en contadísimas ocasiones, las pulseadas fueron perdidas por los mercados y, en general, el BCRA terminó financiando las corridas. Habrá que ver si esta vez las explicaciones de la funcionaria, basadas en un modelo heterodoxo que fue plebiscitado en las urnas y en condiciones objetivas de la economía que no son ni por asomo las de otros capítulos de la historia, han funcionado como sedante o bien son un estímulo adicional para tomar posiciones en divisas. En términos culturales, no será ocioso esperar el veredicto, ya que la propia Marcó del Pont ha dicho que la estabilidad en el mercado cambiario debería servir para "modificar comportamientos basados en la volatilidad y las crisis recurrentes". Igualmente, la gran duda de todo el ambiente de negocios es confirmar cuál será el rumbo del Gobierno a partir de octubre, algo que tiene efectivamente muy preocupados a los empresarios. Hablan y escuchan a Cristina y por ahora creen en la línea de amor, paz y concordia que ha desplegado con las compañías y hasta sueñan con algún arreglo con el Club de Paris, que incluiría un arreglo con el FMI y la salida a los mercados para cubrir con endeudamiento los desvíos del modelo. Pero, en verdad, tampoco se animan a afirmar si después de octubre las cosas derivarán hacia la radicalización del modelo, lo que hará que no haya correcciones sino profundización del rumbo. Las dudas van entre los que dicen que nada va a cambiar, porque la confrontación está en la naturaleza del kirchnerismo y los que aseguran que se intentará hacer las modificaciones procurando que se noten lo menos posible, ya que será la realidad la que obligará al futuro gobierno a cambiar varias piezas y políticas.



"Una cosa es que la Presidenta diga que va a profundizar el modelo para no perder votos y otra que finalmente lo haga", teorizaba ante DyN un miembro del Grupo de los Seis, el viernes pasado. Un rato después, un importante ejecutivo de un laboratorio internacional comentaba ante este periodista lo "difícil" que le significa explicar estas cosas en su casa matriz europea y refería que, ante tantas dudas, "las inversiones van a Brasil".



Más allá de las tribulaciones de los mercados, dos hechos de peso están golpeando al gobierno nacional por debajo de la línea de flotación. Uno, en comandita con la provincia de Buenos Aires, el caso Candela y el otro de su estricta competencia, acelerado por la aparición rutilante de Sergio Shocklender, quien parece no querer dejar títere con cabeza.



La resolución del asesinato de Candela Rodríguez está plagado de situaciones de manipulación que llenan de dudas a la opinión pública. La desconfianza alcanza a todo el poder político, porque ha quedado en claro desde que la presidenta de la Nación recibió a la madre de la chiquita que el caso tenía una evidente veta política. Así, lo entendió el gobernador Daniel Scioli, quien cuando comprobó que se desde el gobierno nacional se le quería endilgar toda la responsabilidad, a la hora del descubrimiento del cuerpo actuó defensivamente dando a conocer televisivamente una versión única y editada del reconocimiento callejero. Un rato después, una cinta misteriosa que ni siquiera tenía la Justicia y cuya autoría nadie reconoce, intentó desviar la atención hacia el "algo habrá hecho" de triste memoria en la sociedad argentina. De esta manera, se buscó degradar la categoría del cadáver de Candela, ya que una cosa hubiera sido una muerte por inseguridad y otra por vivir en el submundo de la droga y de los ajustes de cuentas. Una canallada evidente hacia una nena de 11 años que la sociedad no creyó.



Luego, la fiscalía de Morón le tomó una declaración a un testigo encubierto que dijo una serie de incongruencias y marcó a varias personas, algunas detenidas y otras que aún no lo habían sido. "Dicen en el barrio que a fulano se le fue la mano" y con este testimonio, se apresó y se imputó por homicidio a una persona presuntamente ligada al mundo de la droga, mientras que una señora que el mismo testigo dijo haber visto subiendo a la nena a un auto azul, seguía paseando por las redacciones y los canales de televisión. Entre tantos testigos sospechados y probables perejiles, la investigación ha dejado de tener seriedad. En cuanto a Shocklender, el gran ventilador que prendió el ex administrador de los fondos públicos que recibían las Madres de Plaza de Mayo para construir viviendas que luego su empresa suministraba, dejó pocos títeres con cabeza. Acusó directamente a Hebe de Bonafini, su protectora de años, de lavar dinero y con esa acusación no sólo la terminó de destruir políticamente, sino que por elevación golpeó a la Presidenta, pero sobre todo al símbolo que se construyó a partir de la titánica tarea que desplegaron las Madres en su búsqueda de años. En declaraciones periodísticas a la revista Noticias, Shocklender tampoco fue muy considerado con el secretario de Obras Públicas, José López ("ladrón"), el ministro de Economía, Amado Boudou ("la Fundación pagó afiches de campaña") o el mismísimo juez de la causa, Norberto Oyarbide ("chirolita de Aníbal Fernández"). Ansioso porque notaba como lo estaban dejando solo, puso en la mira a medio gobierno y disparó con munición gruesa.



Es verdad que el propio denunciante no tiene demasiada autoridad moral para hacer acusaciones, tras haber administrado 765 millones de pesos que le entregó el Estado casi sin controles, pero no es cierto que fue el único responsable. Cuando Hebe lo llama "traidor", esa palabra connota que ha quebrado "la lealtad que se debe guardar o tener". No le dice delincuente, sino que siente que la dejó en evidencia y traicionó esa fidelidad. También se quejó Bonafini que la prensa no habla "de las cosas lindas que hicimos".



En verdad, no se habla de esas cosas, porque aquí se trata de un delito y como en el caso de Candela o del problema del dólar, aunque la gente vote para un lado, en realidad no se chupa el dedo.
Fuente: 
Agencia DyN.