Viernes, 26 Agosto, 2011 - 10:14

Desandando el camino de la violencia

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Ya es una verdad de perogrullo decir que el delito de trata o tráfico de personas es la esclavitud del siglo XXI. Lo cierto es que esta afectación absoluta a los derechos humanos de las mujeres, niños y niñas, quienes son sus principales víctimas, se basa principalmente en una estructura elemental de la violencia de género de raíz cultural.


Sería mentirnos si decimos que con un Decreto o una Ley, las conductas generadoras de la discriminación y la violencia, como ser el consumo de prostitución y la violencia de genero en todas sus formas (simbólicas, morales, psicológicas, sexuales, etc.), desaparecerían. Sin dudas un marco legal es útil y necesario, pero los mecanismos de cambios de pautas culturales van más allá de una normativa.



Cualquier acción que se lleve adelante siempre resultará insuficiente, y el camino diario y en silencio que se lleva a cabo en esta instancia y desde la administración pública, no necesariamente está acompañado de pomposas noticias periodísticas cuando no policiales.



El fructuoso trabajo que lleva adelante el Equipo Interdisciplinario de Asistencia a Víctimas de Trata de Personas, tanto en la asistencia directa, como en la participación en procesos judiciales, lo convierten en verdaderos auxiliares de la justicia.



De igual manera, la decisión y la comprensión de que el abordaje a este macro delito es posible solo desde una red social e interinstitucional, tal como lo encaramos desde la Dirección de la Mujer del Ministerio de Desarrollo Social y Derechos Humanos y desde otros estamentos del Estado Chaqueño.



En este camino se comprometen intendentes, instituciones religiosas, sociales, además de organismos nacionales e internacionales como OIM, UNICEF Y SENAF.



No hay que desconocer el trabajo de sensibilización y prevención que se lleva adelante a partir de la vigencia de la Ley 26485 de protección integral para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.



Fundamentalmente, con talleres y capacitaciones hacia el interior de la provincia y escuelas. No debemos olvidar el trabajo relacionado con la salud sexual y reproductiva que se lleva adelante con el Ministerio de Salud, con el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable. Entre otras tantas cosas que diariamente se hace.



Indudablemente, los espacios pendientes de transitar como la prevención de la violencia a través de campañas de sensibilización en los medios masivos de difusión no será de fácil receptividad, en razón de que los modelos y roles de lo masculino y lo femenino, sobre todo este último, se construyen actualmente despersonalizados, como cuerpos convertidos en objetos sexuales y exhibidos como oferta pseudo erótica/sensual.



Hablamos en síntesis, de cambios “genéticos” en patrones culturales de nuestras sociedades. En las que leyes y normas de carácter jurídico, que reprimen delitos e instan la reconstrucción de lo masculino y lo femenino, de la mujer y del hombre, cumplen su función de vanguardia, no por lo novedoso de su esencia sino por la necesidad apremiante de cambiar la crueldad y denigrante realidad que padecemos. En silencio, estamos en eso. 



(*) A cargo de la Dirección de la Mujer del Ministerio de Desarrollo Social.