Jueves, 25 Agosto, 2011 - 12:03

Aporte para la polémica
También pegan a los ancianos
Un país donde se mata, viola, secuestra, roba y nadie reacciona

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

Próximo a llegar a la séptima década de mi intensa vida, me encuentro ante realidades que son imposibles de superar pero a las que debemos respetar en este sistema democrático que nos rige, por lo que el disentir, el clamar, gritar lo que uno interpreta como sus verdades, no debe ser silenciado.

La ciudadanía se ha expresado con una catarata de votos pero, estoy seguro, en las elecciones reales y no en estas primarias hechas a medida para brindis de los gobernantes de turno, habrá un cambio que puede ser sustancial. 


La realidad de hoy nos muestra, nos pega, nos maltrata, mostrándonos como las rapiñas se mueven en esta Argentina, donde los bandidos están sueltos y los justos en silencio.


¿No es acaso un silencio cómplice como fue el de antes, no protestar por el secuestro en pleno mediodía y ante numerosas personas, de una niña de tan sólo 11 años que, probablemente, terminará formando parte de esa larga y penosa lista de tratas?


¿Nadie reacciona ante las feroces palizas que reciben ancianos que no están ni siquiera mediamente preparados para defender su vida y la honra de su familia?


Tampoco se ve reacción alguna por parte de legisladores y de los gobiernos tanto nacional como de las provincias ante la escalada de asesinatos sin que medien razones valederas para la muerte de inocentes, amenazas a embarazadas, de chiquilines de apenas al quinquenio de su vida, asesinatos y violaciones que solo se investigan cuando un gobierno extranjero como el de Francia lo exige. Y ni que hablar de los servicios de información del estado, tanto de la SIDE como de la Policía Federal, del Ejército, Prefectura, Fuerza Aérea, Gendarmería, que asiduamente nos tienen controlados a todos los argentinos pero más que nada a políticos opositores, sindicalistas, periodistas, ciudadanos comunes, quienes debemos cambiar constantemente de celulares para evitarlos, una situación que no se dá en el resto del mundo libre. ¿No deberían, acaso, investigar lo que ocurre con estos continuos actos de inseguridad ya que cuentan con los medios suficientes para hacerlo?  Pareciera que nadie tiene en estos momentos ni la capacidad legal ni formal ni siquiera intencional, de exigir a los responsables de las fuerzas de seguridad, a los jueces, a los funcionarios del gobierno sin importar ni su nivel ni su estatus, que den cuenta de su tarea.


El Congreso de la Nación y las pertinentes cámaras de diputados y senadores de las provincias parecen haberse olvidado ya no de llamar a la cordura sino a exigir las explicaciones de cada caso por parte de quienes deben brindar seguridad física y legal a los ciudadanos de este país. De manera que estamos a un paso de la vuelta a pleno de un sistema represivo, violento, unitario, quizás excusado en que el actual sistema democrático sólo se escuda en que es todo parte de una sensación inventada por la prensa, pretendiendo salvar así su gran responsabilidad donde todo se permite: probos jueces que se codean con los negocios de sexo, funcionarios que siguen trayendo del exterior valijas cargadas de dinero sucio para su lavado, inseguridad al por mayor, drogas en las escuelas (en nuestro pago chico ver como se ríen de las denuncias del centro Mandela) , los robos, los asesinatos, las violaciones, los secuestros, las agresiones a ancianos, niños y mujeres … ni siquiera la policía reacciona cuando se asesina a mansalva a sus hombres.


Quiero que alguien me diga que todo lo que marqué es irreal.


Quiero una prensa responsable que investigue los hechos y dé nombres, pero no con operaciones de prensa contra el puterío barato que apunta a un pasado que no podemos superar, por cuanto lo ha dicho el ex presidente Frey en su reciente visita a Resistencia: “Nunca habrá paz para nuestros muertos mientras no se actúe a tiempo ni se aplique justicia rápida contra asesinos de cualquier lado, derecha, izquierda, centro, viles violadores al fin de nuestros conciudadanos y sus constituciones”. Ese periodismo de Rial, Víctor Morales y demás extranjeros que, en nuestro país, pueden opinar libremente mientras que en el suyo no pueden ni abrir la boca por sus propios miedos.     


Quiero que la justicie actúe y dicte sus fallos en tiempo y forma.


Quiero que alguien le ponga coto a los escandalosos negociados políticos.


Quiero, en fin, un país donde puedan crecer mis hijos y nietos, con educación gratuita a su alcance y no que tengamos que caer al ejemplo de Chile ¡otra vez! donde se garrotea a los jóvenes por el simple hecho de exigir una sociedad más justa y distributiva no con dádivas sino con trabajo y progreso, pero también soberana en sus decisiones no engatusada ni sumisa como vacas al matadero.


 

Fuente: 
(*) Secretario General del Sindicato de Trabajadores Municipales de Resistencia (STM) y Federación de Trabajadores Municipales (FETMU).