Domingo, 21 Agosto, 2011 - 09:35

Los que no aceptan el voto
Elitismo jurásico

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Cuesta creer que, a esta altura de la sociedad del conocimiento y de la multiplicación de todas las formas posibles de comunicación, haya quienes todavía subestimen y/o discriminen tanto a quien vota de otra manera. Es una forma jurásica del elitismo que pretende ser de izquierda, como la de Fito Páez, o de derecha, como la de Hugo Biolcati.

Mirar siempre al país a través del ojo de la cerradura de la conspiración es propio de los grupos cerrados que suelen vivir en un frasco, enfermos de ideologitis. No tienen amigos que hayan votado a Macri. No conocen a nadie que haya votado a Cristina. No se explican qué pasó y son incapaces de preguntarse qué hicieron de bueno Cristina, Macri o Binner para ser votados y haber quedado en pie después del tsunami electoral del domingo pasado. Sentir asco por un semejante que no violó, no mató, no robó ni fue dictador es una forma de hablar de uno mismo. Y convertir en un bonsái a un ciudadano sólo porque mira Tinelli en un plasma y votó a Cristina es fascismo cultural.


¿Cuesta tanto comprender que nuestros hermanos votan igual que nosotros, fijando prioridades? Dicen que gobernar es fijar prioridades. Y votar también. Cada persona, de acuerdo con su experiencia familiar y laboral, separa lo que considera accesorio de lo fundamental. Y lo hace cada vez que es convocada a conocer su opinión. Es un mecanismo que todos ponemos en marcha a cada rato, todos los días de nuestras vidas. Hacemos un balance de sumas y saldos expreso, instantáneo y decimos sí a un trabajo, a una línea de colectivo o a una invitación al cine. Todas esas decisiones, repletas de empirismo, pueden ser acertadas o no. Pero nadie puede ponerse por encima de ellas y juzgarlas con el dedito levantado. ¿A Fito también le da asco la mitad de los argentinos que no votaron a Cristina? ¿Biolcati sólo mira ópera y ballet y se preocupa por las fábricas de plasmas y de dólares que puede tener? ¿A quién votó Biolcati para sentirse tan por encima del común de los mortales? ¿Estaba San Martín o su elogiado Sarmiento encabezando alguna lista y no nos dimos cuenta?


 


Este mismo prejuicio antipopular anida en el pensamiento de parte de la elite y la asamblea de neuronas kirchnerista. No en todos, porque algunos vienen del peronismo silvestre y tienen un tuteo con la calle y el estaño que los protege de tanta teoría presuntamente de izquierda que se tapa la nariz frente a todos los fenómenos populares y los reivindica solamente después de muertos. Ocurre desde los 70 con Sandro, Alberto Olmedo, el fútbol y tantas otras pasiones de multitudes.


El propio respetado Horacio González fue impulsado por un sentimiento similar al antitinellismo de Biolcati cuando dijo que Del Sel era el vaciamiento de la palabra política. Tal vez lo sea de “su” palabra política. Pero no de “todas” las palabras políticas que están naciendo cotidianamente. Porque, como dijo Julio Bárbaro, “cuando no hay una alternativa política, la gente la fabrica”.


Apuesto mi colección completa del El Gráfico o los discos de Palito Ortega a que el director de la Biblioteca Nacional también considera que Tinelli es la quinta esencia de la frivolidad y grosería pequeño burguesa que funciona como narcótico de la conciencia emancipadora popular. Y que le debe dar cierto pudor explicar aquel abrazo a Ella en el velorio de El. Creo en eso porque él mismo confesó que antes de la masividad del triunfo de Cristina y Daniel Scioli, igual que muchos de sus pares, llamó a votar por Martín Sabbatella. La misma CFK parece estar mirando mucho más allá de las apuestas testimoniales de sus sherpas del pensamiento. Fue muy clara al diferenciar en su discurso a las personas “normales” (así llamó a millones de compatriotas) de los militantes, “los que estamos todo el día con la política”. Y cada vez que puede llama a su lado a Scioli y no a Sabbatella. En el tema del ataque permanente a los medios también aparecen estas miradas que en los años 70 ya eran rechazadas en las universidades de periodismo por viejas y por subestimadoras de la experiencia de las masas. El pobre no es un tonto que espera que Clarín le diga a quién votar. Todo lo contrario, elige decenas de caminos todos los días y lo hace de acuerdo a su experiencia de vida. Si no tenía trabajo y lo consiguió en los últimos cinco años, por más que le digan que Cristina no existe y Scioli es un holograma, votará a sus listas apenas encuentre sus fotos en el cuarto oscuro. Y si una persona cree que la corrupción o la malversación de estadísticas públicas son crímenes de lesa república, no habrá una propaganda, “ni 6 ni 7 ni 8” que lo haga modificar su voto.


Por eso hay algunos sectores del kirchnerismo que se empiezan a preguntar si la batalla ciega contra toda forma de periodismo no adicto es el mejor camino. Se gasta mucho dinero subsidiando paraperiodistas y Cristina gana por la gestión, por utilizar el Estado para proteger y ayudar a los que más necesitan con planes sociales y para potenciar la actividad y el consumo. Y ese voto tampoco debe ser subvaluado. No tiene menos contenido que el que lo hace por la revolución kirchnerista leninista. Todo lo contrario. El argentino que sintió que este Gobierno le mejoró su calidad de vida y que ningún opositor le dio las mínimas garantías de no complicársela de nuevo merece todo el respeto. Es el principal objetivo de la política. Transformar una sociedad injusta y hacerla cada día más equitativa.


Se sobrestimó groseramente el papel de los medios de comunicación. A lo sumo sirven para catalizar hechos que existen, acelerar su conocimiento público. Pero el que inventa datos finalmente es castigado porque se quiebra su credibilidad. Si alguien dice que Zaffaroni es un delincuente dispara contra sí mismo. Pero si alguien prueba que Zaffaroni era el propietario de por los menos cinco departamentos que eran utilizados como prostíbulos está diciendo la verdad y, en consencuencia, haciendo periodismo. ¿O no fue la sabiduría de Perón la que certificó que fue llevado en andas al poder a pesar de tener a todos los medios en contra y que fue derrocado con todos los medios a favor? Se podrá argumentar que ahora los medios electrónicos son más poderosos para establecer hábitos y costumbres. Puede ser. Pero la explosión de las redes sociales y del nuevo mundo 2.0 democratiza y horizontaliza la información como nunca en la historia. Derriba un Muro de Berlín por día, desde algún país árabe hasta el corazón del capitalismo inglés. Nada garantiza que los pueblos no se equivoquen. Pero en primera instancia hay que respetar lo que las mayorías dicen y bucear en sus mensajes. Allí hay más verdades que entre los que viven atrapados entre su amor propio y su espejo.

Fuente: 
Perfil.