Lunes, 15 Agosto, 2011 - 08:50

Opinión de nuestros lectores
Cuando las urnas hablan

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Antes de realizar un análisis de las elecciones, deseo enviar mis felicitaciones a los triunfadores. La democracia es un continuo ganar o perder elecciones. Ellas son el nacimiento de la democracia, luego hay que cuidarla, hacerla crecer cada día, convertirla en la herramienta que sirva para mejorar la calidad de vida de los habitantes.





Cada victoria tiene sus generales, en el caso de nuestra Provincia, en estas elecciones primarias, indudablemente ha sido el Gobernador, así como en la Nación ha sido la Presidente.



Felicitar a los triunfadores es un acto obligado de toda persona de bien, aún cuando uno está en las antípodas de sus formas de gobernar, y tiene infinidad de críticas a sus gestiones.



En política los triunfos obligan a los gobernantes a cumplir con lo que prometieron. En estas elecciones, si bien son recién las primarias, es mucha la gente que le ha expresado su acompañamiento a los candidatos del oficialismo.



No sería bueno que los gobernantes tomen ese acompañamiento para convertirlo en más prepotencia, autoritarismo y soberbia. Las verdaderas y definitivas elecciones serán las de setiembre en nuestra Provincia y las de octubre en la Nación.



Que nadie decaiga, las victorias y las derrotas son meras circunstancias. Lo terrible es cuando se abandonan los principios y se olvidan los ideales. Para esas elecciones ratifico mi apoyo a la excelente fórmula Nikisch – Polini y a la encabezada por el doctor Alfonsín en la Nación.



Los que llevamos muchos años participando de la vida política, interesándonos por ella, creyendo en ella como una forma de servir a los intereses de la gente y no a los propios, sabemos de lo efímero de las victorias y de lo duradero de las derrotas. Muchos nos acercamos a la política cuando todas eran derrotas.



Fuimos a muchas elecciones sabiendo que nos presentábamos solamente para mantener vivos los principios. En mi caso personal nunca fui candidato, no quise serlo, pensaba, tal vez equivocadamente, que aceptar algún lugar en las listas de mi partido, limitaría mi libertad de decir lo que creía. Tal vez sea hora de revisar esa postura.



Tal vez lo sea porque la derrota tiene mariscales y, al menos en mi partido, esos mariscales se hacen los tontos desde hace mucho tiempo. Si tuvieran un poquito de decencia y dignidad, hoy mismo deberían haber dado un paso al costado y reconocer el daño que le hicieron al radicalismo, cómo lo alejaron de la gente con sus prácticas antidemocráticas, corruptas muchas veces, o muy sospechadas de serlo en otras.



En mi partido, la UCR, el principal mariscal de esa derrota se llama Ángel Rozas, quien con su ego, su autoritarismo y su historia poco clara para muchos ciudadanos, ha hecho que la gente huya despavorida de nuestro radicalismo, creo que muchos han preferido votar al oficialismo, antes que hacerlo a un Partido anquilosado, dormido, autista y desinteresado de la gente, lleno de obsecuentes puestos por el dedo de Rozas, tan soberbios y tan inútiles, políticamente hablando, como él mismo.



Nikisch y Polini estuvieron muy sólos en esta elección. Muy solos algunas veces y muy mal acompañados en otras. Ambos son honestos y capaces. Ambos merecían circunstancias partidarias mucho más favorables. Esperemos las tengan en septiembre.



De cualquier manera no es momento de recriminaciones, esas vendrán después, junto con las propuestas de cambio, indispensables para un radicalismo democrático y principista. Ahora hay que poner el hombro y tratar con esfuerzo y entusiasmo que, tanto en septiembre como en octubre, nuestras fórmulas se conviertan en alternativa cierta y democrática al oficialismo, al que combatimos no por ansias de poder, sino porque representa un modelo demasiado peligroso para la Provincia, para la Nación y para las instituciones republicanas. Un oficialismo con el que no compartimos para nada su forma de hacer clientelismo con las necesidades de la gente, ni su falta de respeto a las ideas de quienes no compartimos las suyas, bastante confusas, por cierto.



Reitero mis felicitaciones a los triunfadores de hoy. Les recuerdo que la victoria no da derechos, genera más obligaciones, con quienes los apoyaron y con quienes no los apoyamos, pero formamos parte de una Provincia y de una Nación a las que pertenecemos todos por igual.



(*) [email protected]