Miércoles, 10 Agosto, 2011 - 09:50

Redistribución del poder

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El ejercicio desigual del Poder de un género sobre otro afecta a toda la sociedad, pero es necesario incorporar la mirada de Género hacia adentro de las instituciones y fundamentalmente en la agenda política para visibilizar estas diferencias y entender por que somos las mujeres quienes en mayor medida, sufrimos esa desigualdad.

Marcela Largade, reconocida socióloga mexicana, plantea: “La lucha por la democracia es, para las mujeres, la lucha por incluirse y ser incluidas, reconocerse y ser reconocidas con signos nuevos por transformar los contenidos tradicionales de la democracia patriarcal y construir una democracia alternativa: la democracia genérica que es fundante de la democracia vital. La regla de la democracia es el reparto y el reconocimiento de poderes, recursos y oportunidades”.



La desigualdad en la distribución de poder, de la riqueza y del ingreso es la causa, y no la consecuencia, de los problemas. Somos las mujeres quienes hemos librado grandes luchas para conquistar derechos, ya que el ejercicio desigual del poder, la historia lo muestra, nos ha señalado el sometimiento y la subordinación al patriarca.



Resulta difícil para nosotras las mujeres, acceder a lugares de liderazgo y de toma de decisiones.



Con los sucesivos gobiernos, incluyendo el democrático, las mujeres seguíamos padeciendo la discriminación y la desigualdad.



En la Argentina regía desde 1916 la Ley Sáenz Peña, que propició el sufragio universal y obligatorio pero exclusivamente a los hombres, dejando a las mujeres en un rol de inferioridad cívica que socialmente no era justificado. El primer intento por imponer el tratamiento legislativo de esta idea fue en 1928 cuando el socialista Mario Bravo llevó un proyecto a la Cámara de Diputados, que quedó trunco por el golpe militar de 1930. Dos años después, en 1932, otro socialista, esta vez Alfredo Palacios logró tras arduos debates que la cámara baja diera media sanción al voto femenino, pero lamentablemente perdió tratamiento parlamentario



De la mano de Eva Perón en el año 1947 se sanciona la Ley Nº13.010 que garantizaba el derecho al voto.



Han pasado los años y los logros resultan insuficientes, recordemos que en noviembre del año 1991 se sancionaba en nuestro país la ley 24.012 Ley de Cupo femenino, la misma plantea que las listas que se presenten deberán tener mujeres en un mínimo del 30 % de los candidatos a los cargos a elegir y en proporciones con posibilidad de resultar electas.



La ley de cupo, fue cuestionada y hasta resistida por algunos sectores que argumentaban que las “mujeres” debían llegar a los lugares por capacidad e idoneidad, criterio para nada planteado ni mucho menos discutido cuando de “varones” se trata. La visión sexista es la que impone esta mirada, donde la ideología dominante naturaliza los roles asignados a cada uno de los géneros: la maternidad y lo doméstico para las mujeres y el poder de lo público para los varones, ante esta realidad construida y reforzada por nuestra cultura, las barreras y limitaciones son mayores para las mujeres al momento de acceder a una igual distribución de Poder.



Somos parte de un proceso en el cual estamos obteniendo logros significativos, sabemos que es difícil transformar la cultura de desigualdad pero entendemos necesario generar acciones que ayuden a modificar esa desigualdad entre los Géneros.



Desde el Frente Amplio Progresista, llevaremos al Congreso la modificación de la Ley de Cupos para lograr la distribución de cargos legislativos y de gestión en un 50% por cientos para mujeres y 50% para hombres.



Nuestra propuesta es aportar a la construcción de un país con verdadera redistribución de la riqueza, redistribución de la palabra y en definitiva con verdadera redistribución del Poder para que tanto varones como mujeres tengamos los mismos derechos y las mismas posibilidades.



(*) Precandidata a Diputada Nacional - Frente Amplio Progresista