Sábado, 6 Agosto, 2011 - 19:43

Correo de nuestros lectores
Pueblo de cobardes sobornados o pueblo de responsables y valientes

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

Las elecciones democráticas son el último recurso ciudadano de justicia. Es un juicio con fiscales, defensores, jueces y testigos que no pertenecen al Poder Judicial ni a algún otro Poder del Estado. El pueblo, cada ciudadano, se viste en su silencio de Poder.

Es más poderoso que los tres Poderes del Estado juntos; más poderoso que la Presidente de la Nación con todos sus Ministros, Ministerios y colaboradores; más poderoso que todo el Poder Legislativo en su conjunto; más poderoso que todo el Poder Judicial; más poderoso que cada gobernador de las provincias y que todos los gobernadores en conjunto.



En nuestro país no existe algo más poderoso que el voto de cada ciudadano; no importa si el ciudadano es pobre, rico, instruido o ignorante. La verdadera defensa de nuestras instituciones está en cada persona que individualmente forma parte del conjunto social llamado pueblo. 



Nuestro país solo depende de la “responsabilidad civil de cada persona” que se niegue a ser “masa” transformándose en “conjunto de personas libres, inteligentes y responsables”. Cada individuo es responsable del resultado de país que siembra con cada voto emitido en cada una de las elecciones democráticas.

 

Debe pensar con sabiduría y en silencio haciendo un verdadero análisis de las gestiones actuales y de las propuestas nuevas de gobierno. La inteligencia y razonamiento individual no debe ser reemplazada por sobornos demagógicos que enriquecen a unos pocos a cambio de una masificación ciudadana automarginada, ultrajada y empobrecida en el ejercicio de gobierno.



¿Qué es lo que debemos ver en el análisis de estas gestiones?



• En primer lugar, la libertad individual de cada persona: Esto se expresa en la legitimidad del derecho, en la autonomía personal de gestión para poder lograr y ejecutar libremente los proyectos personales, independientemente de la asistencia e imposiciones que marcan los gobernantes y funcionarios del Estado. Poder encarcelar la corrupción y a los corruptos, y no al pueblo en las frías cárceles de la marginación y de las gobierno dependencias.



• En segundo lugar debemos observar a quiénes representan los representantes que hemos elegido como representantes nuestros. Esto incluye revisar al gobierno en sí mismo, sus logros individuales y compararlos con los logros sociales. Revisar los gremios y sus representantes y la relación de los gremialistas con los funcionarios del Estado. También debemos observar el desempeño de cada uno de estos representantes en las posibilidades de renovación de sus funciones.



• Debemos también observar cuál es el rumbo educativo que administran conjuntamente el gobierno con los gremios de la educación. Debemos revisar con mucho celo el avance educativo de modo creciente respecto de logros históricos; la profesionalidad en su calidad y excelencia; las exigencias en los educando y en sus educadores respecto a las ciencias que invocan sus perfiles buscados. Alentar que los trabajadores de la educación sean cada vez más docentes y no que cada docente sea cada vez más un trabajador de la educación. Revisar cuáles serían los frutos sociales de estos alumnos que hoy se están formando para luego dar las respuestas necesarias a un pueblo cada vez más exigido mundialmente en el conocimiento, las ciencias y las tecnologías.



• Debemos aprender a mirar más allá de las cosas que se muestran.



• Debemos mirar nuestro futuro a través del presente generado por los gobiernos de turno.



• Debemos decidir si queremos ser águilas o gusanos.



• Debemos elegir si queremos vivir con seguridad o en paz.



• Debemos elevar el precio de nuestros votos a valor infinito, que no se lo pueda comprar con mercaderías ni dineros ni favores individuales. Somos dueños de nuestro país y su democracia y no unos simples apoderados ajenos que venden y empeñan su presente y su futuro por sobornos de agentes del Poder.



• Debemos cerrar nuestros ojos, oídos y sentidos a la propaganda y mirar por nosotros mismos, en el silencio, los resultados en su propia realidad, más allá de símbolos y pertenencias partidarias.



• Midamos la capacidad de cada candidato que se presenta a elecciones, y no nos dejemos resignar a votar a aquel que nos imponen por encuestas.



• Votemos al mejor y no al que se dice ser más votado.



• Votémonos a nosotros mismo, para poder tener poder como pueblo, eligiendo un candidato que nos haga crecer como pueblo humano e inteligente y no como vacas gordas y flacas candidatas al matadero, aún cuando este candidato esté último o no figure en las encuestas.



Cada voto es una semilla que el pueblo siembra para transformarse a sí mismo en fruto que se cosecha. ¿Qué estamos sembrando? ¿Qué cosecha tendremos?



Juan C. Starchevich



http://juancastarcreaciones.blogspot.com