Jueves, 4 Agosto, 2011 - 20:10

La justicia herida

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La justicia esa dama sagrada y virgen, Atenea en el Olimpo, inmortal y circunspecta. Que en su nombre se encendieron hogueras, se construyeron celdas, se derramaron sangre, se iniciaron guerras, se han escrito mares de tinta de expedientes, convocándola en cada foja. Se ha hablado y escrito de ella millones de libros, se ha gritado su nombre en cada plaza.

Pero hoy está herida, por alguien que la administra, quien cercenó su imagen suprema ,ya que los dedos acusadores lo vinculan indirectamente a unos de los oficios más antiguos, que roza lo delictivo.



El juicio de valor subjetivo, individual y relativo de cada uno de nosotros, coexisten con el juicio de valor colectivo, donde la moral y la ética en algunas funciones sobrepasa lo exigido al ciudadano común y en mayor medida se dan, cuando estas funciones se concentra en la mas soberana institución de la justicia como lo es la Corte Suprema.



Si bien todos tenemos la necesidad de justificar nuestras conductas, cuando desde la conciencia interna motivada por la culpa externa nos impulsan a justificarnos. Pero a veces esta conducta es imposible de tener justificativo, porque traspasa todos los umbrales del entendimiento, donde los valores morales, éticos, el sentido de la rectitud y el decoro, se han desarticulado. Porque no se puede justificar lo injustificable, porque la imagen quedó corrompida, y la culpa queda manifiesta.



¿Como se entiende que una mente brillante, donde su labor judicial es incuestionable, pueda ser tan flexible en las acciones privadas, al punto tal de salirse del curso de la rectitud obligada, por tratarse de una persona que representa y ostenta el máximo cargo en la justicia argentina?



Vemos que es un escándalo de proporciones titánicas lo que a diario se lee en los periódicos en torno al Dr. Eugenio Zaffaroni, que desata todo cuestionamiento y provoca que cada día, la mancha se haga más grande.



El dijo "no pretendo que la gente crea que soy una persona honesta" (fuente:

www.infoexclusivo.com), pero él es un integrante de la Corte y debe demostrar que es una persona honesta y nosotros debemos estar seguros que es una persona honesta. Porque la honestidad se hace digna de nuestra confianza, la engrandece, la dignifica. Porque la honestidad es un valor moral ontológico que viniendo de un juez, se transfiere en replicas de efectos educativos y de ejemplo de vida. Porque la ley y la justicia desde el comienzo de la civilización, están por encima de todo, casi rozando lo divino. Sintiendo suavemente el aliento de Shamash, dios mesopotámico de la justicia simbolizado en la balanza, conteniendo y aplicando la ley, en su justo equilibrio.



Como dijo Antonio de Guevara "el buen juez no ha de torcer las leyes a su condición sino torcer su condición conforme a las leyes, porque de otra manera no habríamos de buscar jueces justos, sino hombres bien acondicionados".



(*) abogada

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