Jueves, 4 Agosto, 2011 - 17:15

Profecía autocumplida
"Empiezo a sentir miedo de lo que escribí"

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Lo dijo el ministro de la Corte cuando presentó su último trabajo en la Feria del Libro, tras referirse a la “criminología mediática” que construye un discurso “estigmatizante y vengativo” que quiere ajusticiar a sus objetivos.

La denuncia de la ONG “La Alameda” sobre los departamentos del penalista puso al propio juez en la mira de los medios.



La denuncia original data de 2009 y fue ampliada hace pocos días ante el Procurador General de la Nación al conocerse a través de la prensa que Eugenio Zaffaroni era propietario de quince inmuebles en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de los que al menos cinco estarían involucrados en una red de prostitución. La investigación de los eventuales cómplices y encubridores de semejante acción no podía obviar la responsabilidad del juez, acaso “involucrado en el sostenimiento de las referidas casas de tolerancia”.



Irina Hauser, en una nota publicada en Página|12, sugiere que no es casual el ataque al prestigioso penalista que fuera el primer juez elegido por Néstor Kirchner para terminar con la cuestionada Corte del menemismo. Esta Corte "recargada", integrada por jueces reconocidos mundialmente, hasta ahora era de las pocas acciones del oficialismo elogiada por propios y extraños.



Pero ¿qué cosas molestan tanto de este juez? No queda claro. Quizás una recorrida superficial por su trayectoria y definiciones político-jurídicas sirvan para echar algo de luz sobre el asunto.



Zaffaroni vino a dar por tierra con el principio de que “los jueces sólo deben hablar por sus sentencias”. Hauser recuerda que puso en agenda “debates medulares para la sociedad” como la problemática del paco, la revisión del sistema presidencialista, la redefinición del sistema policial y carcelario, así como dentro de la propia Corte promovió fallos clave, incluso antipáticos para el Gobierno, como el de la libertad sindical o el de la actualización de las jubilaciones.



Resulta difícil identificar a los autores intelectuales de la campaña que lo sindica casi como un “rufián” con cara de inocente y buenos modales, porque a pesar de que tiene detractores, Zaffaroni no es Schoklender y no muchos se animarían a confrontar abiertamente con él.



El "acusado" fue becario de la OEA en México y de la Max Planck Stiftung en Alemania. Se desempeñó en la judicatura durante dos décadas hasta terminar, a partir de 2003, como Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Publicó alrededor de 25 obras específicas que son de consulta en todo el mundo e integra distintas entidades académicas y los consejos de revistas especializadas a nivel internacional. Elaboró manuales y tratados de Derecho Penal. Su último estudio, “La palabra de los muertos”, cuestiona la “criminología mediática”. Condujo el Instituto Latinoamericano de Prevención del Delito de las Naciones Unidas, fue Vicepresidente de la Asociación Internacional de Derecho Penal e integrante del Comité Científico de la Asociación Internacional de Derecho Penal. Es profesor y doctor honoris causa de 14 universidades de América y Europa. En 2009 el jurado mundial independiente lo galardonó con el Premio Estocolmo en Criminología junto con el Catedrático de la Universidad del Noroeste del estado de Illinois (Estados Unidos), John Hagan.



GUERRA MEDIÁTICA, GUERRA SANTA

Cuando los medios de comunicación se hicieron eco de la denuncia de “La Alameda”, Zaffaroni se mostró sorprendido tanto por la noticia de que efectivamente los inmuebles de su propiedad habrían sido utilizados para esos fines, como por la trascendencia que se le dio a su posible responsabilidad en la comisión de los delitos emergentes de ese negocio.



La respuesta “lógica” con la que al principio pensó que se terminaría el escándalo, fue que no podía ejercer el comercio a raíz del cargo que ocupa, por lo que realizó un contrato de mandato para que sus propiedades fueran administradas por terceros. El argumento hasta fue reproducido en la página de Wikipedia destinada a su biografía.



Entre pedidos de renuncia y de intervención del Consejo de la Magistratura o de alguna comisión legislativa y versiones que lo situaban reuniéndose con el ministro de Justicia Julio Alak o con el secretario legal y técnico de la Presidencia Carlos Zannini, medios como el diario Perfil se hicieron un banquete insospechado en plena campaña Anti K. Tan maliciosa fue la editorialización disfrazada de “notas duras”, que Jorge Fontevecchia tuvo que dedicar su habitual columna de los domingos a explicar que a pesar de todo lo que se dice de Zaffaroni (de lo que Perfil dice) respeta mucho al magistrado.



Va de suyo que ante una situación como la denunciada, Zaffaroni tiene que dar explicaciones, pero el maniqueísmo planteado por los medios de hecho desdibujó la frontera entre la sensatez exigida por las circunstancias y la construcción de una “pira mediática” para quemar al hereje. Aún entonces, siguió sin saberse quién es el autor intelectual del ataque (o, para ser más precisos, de la persistencia en la descalificación).



"TODOS LEJOS DE RICARDO ALFONSÍN"

Uno de los primeros “notables” en pedir un castigo ejemplar fue Ricardo Alfonsín. El candidato a presidente por UDESO se apresuró a declarar que Zaffaroni debía renunciar de inmediato “para no hacerle daño a la Justicia”. Estaba en juego, según su parecer, el prestigio de la Corte. Lo que Alfonsín no vislumbró fue que Zaffaroni era precisamente uno de los jueces que dan prestigio a la Corte que él pretende preservar apartándolo.



No hay dudas de que lo expresó sin mala entraña: lo “apuraron” con un par de micrófonos y entró por un tubo; tanto es así que su despacho salió enseguida a negar que el patrón dijo lo que dijo. Como fuere, muchos de sus correligionarios se apartaron como si se hubiera contagiado el virus H1N1: Carlos Más Vélez, titular del Comité Capital de la UCR, dijo que “no hay un accionar que implique afectar su desempeño como juez ni que amerite juicio político o separación del cargo”.



Zaffaroni se limitó a señalar que tiene un gran respeto por Alfonsín (“Fui amigo de su padre”, condescendió).



Más tarde Alejandro Alagia, docente de Derecho de la UBA y Fiscal General del Ministerio Público de la Nación, publicó una recomendación para el radical, titulada: “Alfonsín, cortala”.



La chaqueña Elisa Carrió, más ducha con los medios, contemporizó: “Nos costó tener una nueva Corte como para tirarla por la borda”. Eso sí, sobre el pucho recomendó juicio político para el juez (sus legisladoras Fernanda Gil Lozano y Patricia Bullrich presentaron los condignos proyectos).



Eduardo Duhalde hizo algo parecido: no coincidió con el “apresurado” pedido de renuncia de Alfonsín, pero lo mismo exigió “una explicación convincente y adecuada”, en lo posible ante la Magistratura.



Fue sorprendente ver a todos los adalides de la democracia y la moral pública frunciendo el ceño con gesto admonitorio como si procediesen de una tradición institucional ajena a la Argentina de los últimos años o si acabaran de atravesar un portal dimensional.



UN POCO DE CORDURA

Ricardo Lorenzzetti, presidente de la Corte, estuvo entre los que no quiso echar leña al fuego del apetito mediático: “No hay ningún cuestionamiento a su función como magistrado”, ni “ninguna cuestión relativa a las sentencias y a su desempeño como juez” que puedan sustentar esas iniciativas (los pedidos de renuncia).



También Ricardo Gil Lavedra, presidente de la bancada radical en Diputados, calificó como “impensable” que Zaffaroni pudiera estar involucrado en una cuestión así. El gobernador bonaerense Daniel Scioli pidió “cautela”. Los integrantes de la Asociación Americana de Juristas y el Colegio Público de Abogados de Capital también lo apoyaron.



El candidato a vice de Eduardo Duhalde, el chubutense Mario Das Neves, se mostró “dolido” por la situación: “Zaffaroni es una persona que respeto, yo he aplaudido y banco esta Corte cuando me acuerdo de otras cortes que hemos tenido”. El santafesino Hermes Binner aseguró tener una alta valoración del magistrado: “Nada puede entorpecer la gratitud que le tenemos”.



El Colegio Público de Abogados expresó su apoyo ante la “injusta y malintencionada campaña” en su contra, y lo exhortó a no renunciar. El Colegio de Abogados de Lomas de Zamora indicó que este “magistrado ejemplar” es ahora “víctima del oportunismo político de sectores que desnudan sus miserias con fines desestabilizadores”. La Asociación de Abogados de Buenos Aires anunció la realización de un acto “para reivindicar la trayectoria de Zaffaroni” (será el 10 de agosto en su sede de Uruguay 485).



La CTA de Hugo Yasky lo respaldó y habló de ataques a “la coherencia y el compromiso democrático con que Zaffaroni se plantó frente a las causas de delitos de lesa humanidad, sin haber cedido nunca ante las presiones de los poderosos”. La Asociación Argentina de Profesores de Derecho también se solidarizó y denunció “el daño institucional generado por la intencionalidad, ligereza o juicios apresurados”.



Eventualmente, más de veinte diputados pertenecientes al FAP, al FpV, a Nuevo Encuentro y al Partido de la Concertación, firmaron su apoyo al magistrado.



“Las expresiones que reclaman renuncias y pedidos de juicio político no deben responder a intereses electorales en plena campaña; deben asentarse sobre pruebas sólidas”, firmaron.



Al final Zaffaroni lo entendió: “Me encuentro en medio de un escándalo de carácter político que me sobrepasa”.





(*) De la Redacción de DiarioChaco.com.