Lunes, 1 Agosto, 2011 - 20:26

Correo de nuestros lectores
Desobediencia y transgresión

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A todos preocupa los siniestros viales de cada día. A muchos les duele la pérdida de un ser querido, otros padecen las secuelas de un triste accidente, y el Estado recibe una carga de gastos por imprudencia.

Se han intentado diferentes alternativas de concientización, con charlas, simulacros, campañas viales, pero las noticias dolorosas siguen día a día.

Si bien algunos toman conciencia de los riesgos, otros conocen las normas de tránsito, pero pocos las respetan.



Esta es la parte más álgida del problema: la transgresión a las normas.

Tiene que ver con una modalidad desobediente, “lo hice y no se dieron cuenta”, “si todos lo hacen , yo también”, “estaba apurado, igual llegué a tiempo”, “si no hay vehículos , igual cruzo”. Pueden desobedecer las normas mínimas, y transgredir cuanta indicación haya, “total nadie nos ve”. Por eso se habla de “educar”, y no estaría mal “reeducar”, tendría que ser con sanciones.



Hay señalizaciones, semáforos, y hasta hay requisitos para el carnet de conductor, que exige un estado físico que habilite al manejo, aunque no son pocos que con deficiencias visuales u otras patologías, como la toma de medicación que disminuye los reflejos jugándose la vida a diario y la de los demás, más la ingesta de alcohol, que es un tema paralelo.



Vale insistir en Educación vial, pero también exigir y penar las transgresiones.

Habrán diferentes maneras de hacer sentir el peso de la ley, pero cuando “duele al bolsillo”, se aprende si no es en la primera será en la segunda vez. Y hasta podría habilitarse un historial de los conductores que indique lo que evadieron. , para saber quienes están aptos para el manejo, y quienes no, considerándose como un Control desde el Ente responsable.



Y si se está pensando, en “coimear” o “tirarle unos pesos” a los que pretenden multarlos, quien viera ese accionar debería denunciarlo. Fíjense, que la transgresión a veces viene de ambos lados. Se está acostumbrado, pero es una mala costumbre.

Cuando se habla de corrupción se piensa en grandes desfalcos, pero la semilla de la corrupción es la “desobediencia”. No los convierte en “más vivos”, sino en transgresores con un arma poderosa que es el volante. Si se pudiera reemplazar por la “prudencia”, el cambio sería notable.



Imagínese por un momento, que si se cumplieran las normativas: el uso del casco, el cinturón de seguridad, las velocidades mínimas, el respeto al semáforo, la sillita de los bebés en los automóviles ,las marcas en las cintas asfálticas, las bicisendas, el respeto al transeúnte, se estaría beneficiando a todos, y quizás no tendríamos que leer sobre tantas tragedias ni llorar por un segundo de irresponsabilidad inconciente.

Costaría mucho? Es una utopía? De quién depende? 



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