Domingo, 31 Julio, 2011 - 12:54

Correo de nuestros lectores
La ley de Biocidas

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Sé que muchos estarán esperando que hable de otros temas, especialmente de lo que significa el defender las libertades y lo que significa cuando se comienzan a vulnerar derechos fundamentales como es, por ejemplo, el derecho de opinar en libertad, que de distintas maneras intentan conculcar, también en mi caso.

Hoy voy a hablar de otros derechos fundamentales, de aquellos mencionados antes me ocuparé en otro momento. Hoy urge hablar de la derogación de la ley de Biocidas impulsada desde el Gobierno y desde el Ministerio de la Producción en particular. El lunes continúa la Audiencia Pública convocada para tratarla.



No es posible la incomprensión de los gobernantes a los reclamos de la gente, no pueden hacer oídos sordos ni mirar para otro lado. Ésto no es un problema partidario, tampoco es una antinomia entre producción y ambientalistas, eso es falso. También son falsos los motivos que se esgrimen para derogar la Ley de Biocidas y reemplazarla por otra.



Todos sabemos como se han expandido las fronteras agropecuarias en los últimos años, todos sabemos como se ha destruido el medio ambiente, talado bosques nativos, usando cada pedazo de tierra para hacerla producir. En muchas localidades han desaparecido los límites entre lo urbano y lo rural.



La Ley de Biocidas, mientras tanto, no servía, pero no por su contenido, no servía por el desinterés de las autoridades de aplicación, que jamás controlaron en serio su cumplimiento ni la dotaron de los medios necesarios para que sirviera para cuidar a la gente y al medio ambiente.



Mientras la gente se enfermaba y se moría, con mucha irresponsabilidad, desde distintos ministerios y algunos municipios decían con seguridad y a cara de perro que eran otras las causas, asegurando como si fueran especialistas eminentes que los productos agroquímicos no eran tóxicos. Productos agroquímicos que a partir de ahora y hasta tanto no se expidan por unanimidad los científicos de verdad, llamaré agrotóxicos, sin considerar argucias como la de los “grandes números” o su opuesto, “los pequeños números”.



Cuando la gente se enferma o se muere de cáncer, sufre alergias o enfermedades pulmonares con índices muy superiores a los normales, no debería haber un ministro ni ninguna autoridad que sea tan caradura de afirmar ligeramente que no es a causa de los agrotóxicos.



Todos queremos producción, mayor producción, de ello también depende nuestra calidad de vida. Los gobiernos están para mejorar nuestra calidad de vida. Antes deben asegurar LA VIDA de todos, también de los humildes, también la de los aborígenes, la de los criollos. Aquí radica el reclamo, de ninguna manera es para oponerse a la producción ni a la productividad.



Mientras no se ocuparon de aplicar correcta y debidamente la Ley de Biocidas que pretenden derogar, quieren imponer otra ley que ni siquiera contempla las distancias mínimas que se deben respetar al aplicar estos agrotóxicos con respecto a las viviendas, a los centros poblados, a las escuelas, a los cursos y fuentes de agua, etc



Tal vez sería distinto si no fuera que en general los afectados son gente humilde, no son hijos ni parientes de ministros ni funcionarios.



Repito, ésto no debe ser tomado como un hecho político partidario o electoralista, ni siquiera estamos hablando ya de miles de especies vegetales y animales desaparecidas, estamos hablando de que no desaparezca la vida de miles de personas afectadas, cuya salud está actualmente en alto riesgo y lo estará aún más si se deroga esta Ley.



(*) [email protected]