Viernes, 29 Julio, 2011 - 11:06

Opinión de nuestros lectores
Aquella sombra gris

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La mentira es aquella sombra gris, que escapa de la verdad, utilizando disfraces llamativos, palabras que endulzan el oído, halagos hipócritas, sonrisas forzadas. Es una condición continua de la humanidad, forma parte de su antropología social.

Los mentirosos son genealógicamente herederos de ese pecado que lo llevan a premeditar la mentira, para sentirse un héroe del engaño.



Hay distintos tipos de mentirosos, ya que algunos mienten por necesidad, otros por profesionalismo, otros mienten por costumbre, y están los que mienten por el simple placer de engañar al otro.

¿Pero que pasa con el engañado, con el que en su buena fe fue seducido por el estafador de su confianza?



Se siente un tonto por haber caído en la trampa de la mentira, siente que ha sido corroída su credulidad, al ser seducido por las empalagosas palabras del mentiroso. Que son caníbales de la honestidad e ingenuidad ajena.



Asimismo, está el que difama, el que inventa algo contra alguna persona para debilitar su buena imagen pública, o el que da por sentado un concepto, una adjetivación que "cree" ataviada en esa persona y lo afirma con el dedo acusador sin saber, sin conocer al acusado. Sin tener certezas confirmadas de lo que dice o siendo tan solo el eco de algo que "se cree" que es así o que repite porque si.



Hoy se ha perdido el valor de la palabra, porque ella esta manoseada y corrompida, ya nadie cree lo que el otro le dice por más sinceridad que emplee en ello. Porque el que está acostumbrado a mentir y a difamar o tiene perdido el honor, no cree que aún existen personas honestas.



Nos hicimos colectivamente incrédulos, y nos aliamos con el que difama para agrandar el daño. Como dice el dicho "se tiran piedras al árbol cargado de frutos", y se vilipendia al que hace criticas constructivas, al que hace cosas positivas, y al que tiene libertad de pensamiento y opina.



Durante la Edad Media y el Renacimiento la palabra dada por un caballero era sagrada, con ella iba en juego su honor y su vida.

Hoy, eso se ha perdido, y por más que uno grite a voz de cuello su verdad queda sobrevolando la duda porque el que tiene la conciencia sucia no cree nunca la verdad ajena.



MI RAZÓN Y MI CONCIENCIA:

Benavente dijo "la verdad solo cuesta un gran discurso",y desde esta perspectiva, mi razón y mi conciencia están pacíficamente equilibrados más allá de cualquier anónimo comentario.



Y con Dios como testigo, tengo mi conciencia limpia y las acusaciones que se emiten desde los foros no me debilitan, al contrario me fortalecen, porque cuento con la libertad de conciencia, de poder decir lo que quiero, porque no tengo camiseta que defender, ni beneficio político que recibir.



Lo que escribo son mis ideas, mis pensamientos y mis conocimientos, aportados por mi gran pasión desde pequeña a la literatura y a la filosofía,-costumbre heredada de mi padre, que me inculcó el hábito de leer libros- que se transfieren a mis conceptos.



Porque lo que digo, lo digo de frente, y no tengo miedo a tener que poner mi cara y mi nombre en este diario, a quien agradezco el espacio que me dan, como también agradezco a Chacomundo donde soy columnista, y se que esa libertad que no la tienen otros, molesta.



Cómo dijo Marco Tulio Cicerón "La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio".Por eso no me callo, porque el que calla otorga.





(*) Abogada 

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