Lunes, 25 Julio, 2011 - 16:26

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¿Cómo explicar la cholulez? Sociólogos renombrados han postulado hipótesis asombrosas para esta clase de conductas que colectivamente amenzan destruir a la sociedad tal como la conocemos; psicólogos de todas las corrientes se han quemado las pestañas para comprender su origen o moderar sus exabruptos; médicos prominentes han buscado síntomas orgánicos y grandes laboratorios han invertido millones en posibles curas. Todos fracasaron. El que nace cholulo, permanece cholulo.



Dentro de todas las categorías de cholulos, la secuencia fotográfica que ilustra esta nota (se accede haciendo clic en "Ver galería de fotos") se refiere a uno de los casos más emblemáticos y lamentables: el cholulo de promotoras.



Como se observa en la foto “1”, nuestro cholulo (seguramente un profesor o maestro de escuela) ha convencido a unos mozalbetes (seguramente sus alumnos) de que le tomen una fotografía junto al cartel de Aída Ayala. Pero el cholulo miente. Él lo sabe, los purretes lo saben: el cartel le importa tres pepinos.



Foto “2”. El profesor posa para los improvisados fotógrafos. Está radiante porque, como dijimos, lo que menos le importa es el cartel. Casi ha logrado su objetivo (N. del A.: aunque el objetivo primario del cholulo es llevarse un “pedazo” de su víctima consigo, la finalidad secundaria es simplemente molestar, irritar, arruinar momentos únicos y un largo etcétera).



Foto “3”
. Una de las promotoras descubre la maniobra. El cholulo sigue sonriendo como si no pasara nada (la foto está desenfocada pero, créanos, el cholulo no deja de sonreír).



No hay foto “4” pero imaginamos las posibles derivaciones del vandálico acto.