Lunes, 25 Julio, 2011 - 07:56

Correo de nuestros lectores
Crecimiento no es igual a desarrollo

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La ciudad se extiende y los edificios cada vez son más altos. Resistencia cambió su fisonomía, ¿creció o se desarrolló? Se modificaron las costumbres ante los nuevos diseños urbanos ¿progreso? Puede que sí, pero se está dejando atrás el perfume de provincia que algunos sienten nostalgia.

Lo que no cambió son las necesidades básicas, de todos: salud, vivienda, transportes, educación



Existe una cara y una contracara. Una ciudad linda, progresista, y un “collar” de viviendas precarias con caras sucias y una sonrisa sin dientes. Los colectivos debieron modificar sus recorridos, un gran número de gente extendió la ciudad ahora “más allá de la Soberanía”. Son parte de la ciudad.



Así como un sector encontró la oportunidad de negocios florecientes, y el auge de fideicomisos, está la población con recursos insuficientes y la que se mantienen por los subsidios.



En impacto tenía que hacerse sentir en la salud, y algunas enfermedades fruto de la escasez o la pobreza, además de los embarazos precoses, una salud en riesgo todos dependen sus Salitas, y de un único Hospital y que pese a los esfuerzos profesionales, los días y las manos no alcanzan para cubrir la demanda, y las camas no son suficientes, quedando muchos sin una prestación como la que hasta hace unos años fuera envidiable.



El Hospital Perrando se modernizó, pero el crecimiento poblacional lo superó.

Deben haber opciones en las políticas sanitarias, que teniendo en cuenta la información registrada en sus estadísticas pudieran considerar la actualización del sistema de atención hospitalaria y evaluar si conviene agrandar el querido Perrando u optimizar los centros de Salud, descentralizando servicios que no fuesen específicos o de alta complejidad o quizás es hora de un segundo Hospital.



Se trata de la atención, prevención y de los controles periódicos, para llegar a una política saludable. No es sólo un tema técnico y administrativo, es un tema humano: Aída del barrio Carpincho Macho debió regresar a su casa pese a sus dolores de riñón- Humberto, del Barrio Don Santiago, inconciente, permaneció dos días en la guardia sin poder pasar a un pabellón. Rosa, del barrio Santa Catalina, no pudo conseguir turnos para un médico Psiquiatra, aún levantándose a las tres de la mañana.



Los números son evidentes, tanto como las limitaciones físicas y las estructurales. La buena voluntad de sus profesionales no alcanza.



Esto no es una lastimera queja o una aguda crítica, sino tratar de desatar una mirada amplia hacia una ciudad que se despliega sin pausa con su gente.



Las soluciones podrían esbozarse aunque sea a mediano plazo para una Resistencia que está en pleno desarrollo y crece.



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