Domingo, 24 Julio, 2011 - 09:17

Apuesta por un asadito

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Hay algo que me está empezando a inquietar. He apostado en público, por radio, por el triunfo de Cristina en primera vuelta. Esas cosas que uno hace para divertirse y llenar unos minutos.

El operador del programa de radio es anti K y está convencido de que ella pierde en segunda vuelta. Y yo veo hace meses las encuestas, de las buenas, de las que pronosticaban quince puntos de distancia para Macri, así que no tenía ninguna duda: Cristina gana en primera vuelta. La fortaleza de su imagen parece indestructible. La debilidad de los candidatos alternativos es muy evidente. No hay con qué darle. Y le apuesto día por medio. Vas a ver, Bonello, le digo al aire. Gana en primera vuelta.



¿Quién me habrá mandado?



Y ahora hay algo que me hace como un cosquilleo, como si algún imprevisto estuviera flotando en el ambiente, como si las cosas se estuvieran poniendo raras, como si el reverdecer del movimiento nacional no fuera tanto como parecía. No se pongan nerviosos. Es sólo un pequeño malestar. No más.



Me explico.



Hasta hace poco tiempo, semanas nomás, no había dudas de nada. La designación de Daniel Filmus como candidato fue en un marco de triunfalismo. Las encuestas sonreían. La diferencia iba a ser menor a diez puntos y el ballottage, en el mejor de los casos, parejo. Y ahora veo a los partidarios del Gobierno hacer malabares con los números de Capital, publicar gráficos de barras, explicar que en el 2007 perdieron en Capital pero ganaron ampliamente a nivel nacional, etcétera. Todo eso es cierto. Pero hace unas semanas Filmus estaba por ganar la ciudad y ahora está peleando para repetir apenas el ballottage del 2007.



No es sólo eso. Cada día, hay un ruidito nuevo. O habla Aníbal Fernández y ningunea a Macri o a Reutemann. O varios seguidores del proyecto nacional dicen y repiten que quienes no piensan como ellos les dan asco, o pena, o son tenderos, o cualunquistas, o les dedican algún otro epíteto. O aparece un sindicalista sacando plata a Uruguay. O los muchachos de la juventud maravillosa tiran botellas contra Margarita Stolbizer y Victoria Donda –todo muy caballeresco, por supuesto–. O Cristina viaja a Santa Fe y se pelea con Hermes Binner mientras los muchachos silban al gobernador local. O los señores de Carta Abierta se pelean con 6, 7, 8 y lo tildan de “imbecilidad estructural” y caracterizan a la campaña de Filmus como cobarde y gris.



En general, los estudios de opinión pública reflejaban que tras la muerte de Néstor Kirchner, Cristina habría recuperado a vastos sectores de la clase media. La derrota en Capital y los esfuerzos de Filmus para repetir, al menos, aquella segunda vuelta, reflejan una fuga del voto porteño que, suele ocurrir, se debe estar repitiendo en muchas grandes ciudades.



Nada importante.



Todos temas menores, pero a mí –que aposté en público, una apuesta segura– me empiezan a incomodar.



Encima, algo raro –otra cosa más– está pasando en Santa Fe y Córdoba. Ustedes habrán escuchado las declaraciones de Carlos Reutemann o se habrán enterado de la bronca de José Manuel de la Sota. No me parece que sean temas personales. En general, los líderes territoriales andan muy pendientes de lo que piensa la gente de su zona. Por eso, en el 2007 estaban todos alineaditos. Por eso, en el 2009, luego de la crisis con el campo, estaban todos lejos. Por eso, luego de la muerte de Néstor Kirchner y con el salto de Cristina en las encuestas, todos se encolumnaron detrás del Frente para la Victoria. ¿Por qué se alejan ahora? ¿No estarán percibiendo lo mismo que Macri, es decir, que es negocio redondo enfrentarse con la Casa Rosada? ¿Qué es lo que expresa el fenómeno Del Sel –de dimensiones aún desconocidas– que crece al parecer a expensas del más kirchnerista de los candidatos que existen en todo el territorio argentino, el más identificado con el proyecto?



En realidad, si uno mira con cuidado, y compara las elecciones provinciales que se han realizado, con las del 2007, hay datos que son alentadores para el kirchnerismo y otros que prenden alguna alarma. En general, como se dice, ganan los oficialismos. Pero, en casi todos los casos, respecto del 2007, el Frente para la Victoria ha perdido estructura o votos, o ambas cosas, en casi todos lados, incluso en Catamarca. El oficialismo está mucho mejor que en el 2009, pero es difícil encontrar un lugar donde supere al 2007. Si eso se proyecta, ¿significará que Cristina repite el 46 por ciento, o que pierde algunos puntitos? Y si es así, ¿cuántos?



Por otra parte, qué solita se la ve, ¿no? La derrota de Filmus y las serias dificultades de Agustín Rossi exhiben a un kirchnerismo que –salvo a ella, que es mucho– no tiene casi caudillos territoriales en zonas numéricamente relevantes del país. Eso es todo un augurio para el segundo mandato. Encima, en la oposición empieza a emerger un liderazgo bastante claro para el lustro que viene.



O sea: hace unos meses, todo era de Cristina. Y ahora, las cosas son un poquito más complejas. Todo se reducía a esperar octubre, arrasar, dejar a la oposición dividida y descabezada e impulsar una reforma para un tercer mandato. Ahora, no sé, me parece que nada es tan sencillo.



¿A qué va todo esto? A nada, a ninguna parte, sólo a señalar la molestia.



Porque después de todo uno mira a los candidatos de la oposición, y parece realmente impensable que mucha gente se anime a un cambio.



No hay polo de atracción alternativo.



De un lado está el poder, con todas sus virtudes y defectos, con sus errores y sus aciertos.



Del otro, la nada, o algún proyecto incipiente que no parece representar una amenaza.



Además, la economía sigue viento en popa.



Consumimos a lo loco, los argentinos.



Nada nos puede pasar.



O sea que todo seguirá como entonces.



¿O alguien, alguna vez, vio a “elmásgrandesiguesiendoRiverPlate” perder contra Belgrano de Córdoba?



Yo mantengo mi apuesta.



Voy a comer un rico asado, preparado por Bonello, a fines de octubre.



(creo).
Fuente: 
VEINTITRES.