Domingo, 24 Julio, 2011 - 08:29

Desde la economía hasta los DDHH
Todos están en campaña

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Las elecciones atraviesan el escenario político. Y la falta de combustible o el Caso Noble se suman a la expectativa por el voto.

“Aquí lo único que interesa es Cristina. Si los candidatos locales ganan, el triunfo es de ella. Si, en cambio, pierden, la derrota es de ellos”, confesaba un hombre del Gobierno impactado por la crueldad con la que la Presidenta viene poniendo distancia de todos aquellos candidatos que están lejos de poder asegurarle victorias. Los casos más notorios de estos días han sido los de Daniel Filmus y de Agustín Rossi.



Rossi se pasó toda la campaña pidiendo un apoyo desde el Gobierno nacional, que le llegó a cuentagotas. En el acto de inauguración de una planta de producción de biodiésel en Rosario en el que habló la Presidenta, el martes pasado, a Rossi ni siquiera lo nombró. En el caso de Filmus, se combinaron la orfandad de los reclamados apoyos desde el poder y la catarata de desaguisados provenientes de sectores del kirchnerismo que, se ve, no profesan mucha simpatía por él.



La semana posterior a la primera vuelta de la elección a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el candidato K debió salir a desmarcarse de la carta de Fito Páez, en la que manifestó su asco por quienes votaron por Macri; en la semana que pasó, debió defenderse de las críticas lapidarias que hicieron conocer los integrantes de Carta Abierta en su reunión del sábado 17, en la que, entre otras cosas, el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, calificó la conducción de Filmus como una “dirección política inhabilitada, ciega, muda, que no está en condiciones de balbucear nada”.



A esta altura, el único episodio que le permitió a Filmus pasar a la ofensiva ha sido el de la campaña difamatoria de la que ha sido víctima su padre. Los allanamientos en empresas de telecomunicaciones que con llamativa prontitud ordenó el juez federal Ariel Lijo –alguien que habló con él le escuchó decir que lo hizo por pedido expreso de la jueza María Romilda Servini de Cubría a quien está subrogando durante la feria judicial–, a los fines de identificar el origen de las llamadas que pretendieron involucrar al padre de Filmus con el plan Sueños Compartidos, han puesto al asesor de campaña del PRO, Jaime Duran Barba, en el centro de la escena y controversia. No obstante, algo es seguro: las campañas sucias basadas en la difamación son siempre repudiables. En el pasado, las sufrieron Enrique Olivera, Francisco de Narváez y Luis Juez. A algunas de ellas la Casa Rosada las propició y a otras las fogoneó. Esto también hay que recordarlo.



La elección que hoy se lleva a cabo en la provincia de Santa Fe habrá de tener una repercusión nacional innegable. Hermes Binner se juega el sustento de su candidatura presidencial, ya que una derrota de su delfín, Antonio Bonfatti, significaría una herida letal para las aspiraciones del actual gobernador. Agustín Rossi, por su parte, llega a la elección con la clara noción de enfrentar el escenario menos esperado y, seguramente, jamás imaginado.



Al momento de escribir esta columna, la incógnita en el Gobierno era si saldría segundo o tercero. La sorpresiva aparición de Carlos Reutemann en la recta final de la campaña –había hasta ese momento bastante enojo con él por parte de sectores rurales por un silencio que se interpretaba como un acercamiento al Gobierno nacional–, reconfirmando su no pertenencia al kirchnerismo, fue un mazazo que sacudió al candidato de la Casa Rosada. Se sabe que, en su único gesto de campaña antes de esta declaración, Reutemann tuvo una conversación con Miguel Torres Del Sel. “Vas bien; seguí así y no te alejes de la gente que te va a ir muy bien”, fueron las escuetas palabras del ex piloto de Fórmula Uno.



Pero no todo es campaña en la política argentina, aunque todos están en campaña. ¿Cuánto hace que no sesiona ninguna de las cámaras del Congreso?



El Gobierno ha sido profundamente afectado por el resultado negativo de la parte principal de los tests de ADN de los hermanos Noble Herrera. “Se perdió uno de los caballitos de batalla de la campaña”, reconoció una voz del oficialismo. Las reacciones que se produjeron tanto en el Gobierno como por parte de Estela de Carlotto marcan claramente que lo que interesaba no era la verdad, sino los efectos políticos de un eventual resultado positivo que demostrase que tanto Marcela como Felipe eran hijos de desaparecidos.



“Ojalá uno de ellos sea hijo de desaparecidos” (sic), expresó la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, frase que representa el colmo del disparate. ¿Puede ser motivo de alegría que alguien haya tenido la desgracia de ser hijo de quienes perdieron la vida como consecuencia de la brutal metodología del terrorismo de Estado que se aplicó durante la última dictadura militar?



El tema económico está en el desvelo de los hombres de negocios y los trabajadores. En el mundo empresarial, más allá de las tibias declaraciones de circunstancia con las que sus organizaciones tratan de no irritar al poder, la preocupación es creciente. Las limitaciones a las importaciones están complicando el día a día de muchos sectores de la producción en empresas de capitales nacionales, que decidieron no hacer olas a fin de no provocar el enojo de la Presidenta, eventuales represalias y el maltrato al que los somete el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, funcionario que ha hecho del fracaso de cada una de sus iniciativas una rutina. El último hito en esa cadena ha sido la salida a remate de la Papelera Massuh, que Moreno había intentado salvar desde hacía más de un año.



Un dato que para la opinión pública pasó inadvertido es la caída del 22% del superávit comercial durante el primer semestre de 2011, en comparación con el mismo período del año pasado. Esto es producto, fundamentalmente, de la necesidad de importar cantidades cada vez mayores de combustible para hacer frente a los déficits de producción que hoy padece la Argentina. Así y todo, la escasez se hace sentir fuertemente.



Sin embargo, nada de esto parece haber afectado al ministro Julio De Vido, quien salió a decir que la escasez de combustibles era sólo un fenómeno producido por los medios. La larga fila de camiones a la vera de las estaciones de servicios, las dificultades para la siembra del trigo por falta de gasoil para las máquinas, los cortes del gas a las fábricas dan una pauta de la dimensión del problema que el ministro pretende negar, tanto como los sobreprecios de Skanska, uno de los casos de corrupción que salpican al Gobierno y que la Justicia investiga con una molicie propia de las causas destinadas a quedar impunes.



Los problemas energéticos, Skanska, la valija de Antonini Wilson, las andanzas de Ricardo Jaime, la falta de control sobre los fondos públicos destinados al plan Sueños Compartidos, que ahora no administrará más la Fundación de las Madres de Plaza de Mayo, han sido casos que han tocado al Ministerio de Infraestructura y Planificación Federal, cartera que, a esta altura de las circunstancias, bien podría cambiar su nombre por el más descriptivo de Ministerio de la Precariedad y la Corrupción Federal.



Producción periodística: Guido Baistrocchi.
Fuente: 
Perfil.