Miércoles, 20 Julio, 2011 - 09:03

Correo de nuestros lectores
Violencia de Género

Violencia de Género, son las noticias que inundan los medios porque lamentablemente en sociedades como las de Latinoamérica, la violencia, el acoso, muchos dan rienda suelta a instintos que se manifiestan primitivamente o enmascarados por estrategias que consiguen convertir en víctimas tanto a la mujer, como a hombres, niños o ancianos, a través de la tortura física o psicológica como medio de dominación.

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Se sabe de la sumisión de las mujeres golpeadas, que soportando su sufrimiento establecen a veces un vínculo que les cuesta romper con su golpeador, ya sea por miedo, debilidad o simplemente soledad. Los hombres, también sufren el hostigamiento de la tortura física o psicológica, por dependencia, motivos ideológicos, u otros. Y en su soledad e impotencia, pueden alcanzar a relacionarse con su “torturador”.



Los niños, algunos son víctimas inocentes de malos tratos, de quienes pregonan que el hombre es “hijo del rigor”, pero cometen excesos, los pequeños no pueden defenderse, muchas veces no alcanzan a entender la furia del adulto, pero existe un vínculo con ese mayor, que quizás sea lo único que tienen o está. Y así crecen y se desarrollan con emociones dolidas que pueden ser el único ejemplo de conducta que conozcan y luego repitan como manera de expresión.



En los ancianos, su debilidad e incapacidad para manejarse en su rutina, sus reflejos más lentos, sus tiempos, sus necesidades, sus torpezas, los hacen distintos, y también muchas veces son víctimas de la sumisión y tortura verbal o física por parte de sus cuidadores. Pero se aferran a esas personas en una dependencia silenciosa y obsesiva.



Aquellos que desarrollan la capacidad de torturar, hostigar, acosar, agredir, son personas que en su aspecto no difieren al resto, a veces son difíciles de predecir sus conductas.

La obra de teatro “Paso de dos” de Eduardo Pavlovsky que se presentará el 29 de julio en la Casa de la Cultura, quizás nos pueda dar una visión más amplia, para descubrir a priori la imagen del “torturador” o quizás entender porqué los seres humanos somos capaces de aceptar esos vínculos.