Domingo, 17 Julio, 2011 - 09:53

Unos mates con Satán

"No tengo amistad con Mauricio Macri. Pero perfectamente me sentaría a comer o a tomar unos mates, hablando de todo un poco!! Me parece una persona agradable, que ganó las elecciones con una buena imagen y agradando al electorado. Fue seductor y atractivo".

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"No soy ningún despistado, pero no veo una ideología satánica en la figura del alcalde y la investidura democrática me merece respeto. Sinceramente no creo que exista el macrismo ni que Mauricio Macri sea un ‘facha’. Creo que la pendejada ultra k hace demagogia frente al espejo. Los veo tan convencidos que dudo que se hayan molestado en votar, siquiera. Los porteños tenemos que seguir siendo críticos pero también reconocernos como el pueblo disparatado y violentamente alegre que somos."



Casi desde que existe, sostengo que el Twitter es una de las peores y más inútiles formas de comunicación. Los intercambios son espasmódicos, insustanciales, por momentos muy agresivos y poco interesantes. Pero, a estas alturas, aun cuando tenga todos esos componentes, ya es un fenómeno inevitable, con repercusiones infinitas que, cada tanto, ofrece alguna que otra perlita. Además, permite ir a las fuentes, al lugar donde cada uno dice lo que quiere como quiere decirlo. Dicho de otra manera, entre toneladas de intercambios poco interesantes surge algo distinto. Creo que uno de esos momentos está en el párrafo con que empieza esta nota.



Su autor no votó a Macri ni a Pino. Al contrario: desde su lugar se sumó a la campaña de Daniel Filmus y es uno de los artistas que ha expresado con muy respetable convicción su apoyo al gobierno nacional. No sólo eso. Arrancó uno de sus últimos clips con la imagen de, nada menos, el jefe de Gabinete Aníbal Fernández. Y en otro de sus tweets, pocos minutos después de definirse así respecto de Macri, elogió a Luis D’Elía: “Un abrazo al compañero Luis D’Elía. Me gusta su espíritu Eva Peronista”.



Se trata, obviamente, de Andrés Calamaro quien, en los mismos textos, disiente y defiende como artista a su amigo Fito Páez.



Si yo fuera progre, combatiría a un tipo como Calamaro. Es un pésimo ejemplo. Hay que frenarlo. Uno puede aceptar que alguien como Abel Posse diga cosas así de Macri. O que incluso jugadores como Martín Palermo o Carlos Tevez. Total, son futbolistas y, a excepción de Morresi, Menotti, Valdano o Juampi Sorín, en ese campo nunca fuimos demasiado fuertes. Pero lo de Calamaro es una puñalada en la espalda. ¿Cómo puede ser que alguien del palo, del rock, transgresor, kirchnerista acepte que se puede sentar a tomar unos mates con el demonio? ¿Cómo niega que se trate del mismísimo demonio? ¿Cómo se le ocurre definirlo como una persona agradable? Calamaro no entiende que se está de un lado o del otro. Y si se está de un lado hay que cumplir con todos los pasos, con cada uno de ellos, porque si no no estás de ese lado. Un kirchnerista no elogia a Macri. Y si eso, en todo caso, se le puede permitir a un kirchnerista, jamás se lo debería hacer con un progresista. Porque ser progresista es odiar a Macri, cruzarse por la calle con él y putearlo, gritarle en la cara que lo vamos a echar a patadas de la ciudad, que es una lacra. Como ha dicho Horacio Fontova, otro de nuestros artistas: “Macri es un impresentable que huele a mierda. Quisiera ser un buen psicólogo social para entender lo que está pasando”. Eso es mucho más cercano a lo que tenemos que decir.



Quizá Calamaro no lo sepa –o quizá sí, porque como quien no quiere la cosa, parece que sabe más de lo que admite saber–, pero sus posiciones reflejan un debate creciente que, por suerte, se ha comenzado a disparar dentro del kirchnerismo luego de los sorprendentes resultados electorales en la ciudad de Buenos Aires. Por un lado, hay un numeroso grupo de dirigentes, artistas y, sobre todo, periodistas, que adhieren a una lógica al estilo de un viejo aviso de los televisores Noblex. ¿Se acuerdan? Noblex... o la oscuridad. Noblex... o el silencio. La única opción es el apoyo al Gobierno. Todo lo demás es despreciable, el precipicio, el regreso a la dictadura militar en algunas de sus formas. Y si uno apoya al Gobierno, no sólo tiene razón sino que además ese apoyo le otorga superioridad moral. Los otros no merecen ni siquiera respeto. Son fachos, quebrados, cómplices de la dictadura, miserables, mercenarios.



Pero también hay mucha gente que conoce las complejidades de la vida, la magnitud real de los debates en juego y que entiende que, tarde o temprano, ese tipo de concepciones, además de incorrectas, son ineficientes, terminan aislando a quienes las defienden. Los esfuerzos poco exitosos de Daniel Filmus para salir de esa encerrona son un ejemplo de ese debate, por ahora, incipiente. ¿A Macri hay que insultarlo durante toda la campaña electoral, cada día, cada minuto o, al contrario, se puede confrontar con él y al mismo tiempo, tomar unos mates, con lo cual quizás algún votante macrista baje la guardia y se pase de este lado?



Pero no es sólo una cuestión de estrategia electoral. Eso es lo de menos. Es casi una filosofía de vida. Hay personas que creen, con fervor religioso, que todo el bien está de un lado y todo el mal del otro, que a los tibios los vomita Dios, que estás de una vereda o en la de enfrente y que cualquier renuncio es una traición. Durante estos años, el debate político estuvo lleno de esta porquería que sustentó la identidad de mucha gente, a un lado y al otro del arco político. Del mismo modo, muchas otras personas quedaron pasmadas ante la locura de esos debates: ¿cómo que no se puede tomar unos mates con el que piensa distinto? ¿Y entonces de qué va la vida? ¿Nos la vamos a pasar frente al espejo? ¿Sólo la endogamia está permitida?



Macri, a fuerza de golpes, fue entendiendo el asunto y percibe que es uno de los puntos débiles de su adversario: la demonización de quien no piensa igual. Por eso, el domingo, en medio de los festejos, y consciente de que ya estaba empezando la campaña para el ballottage, dijo: “Para mí las diferencias son una oportunidad. Tienen que ser una oportunidad. El odio no nos conduce a nada. Al final del día, el odio no te deja nada”.



Del otro lado, le dicen que huele a mierda, que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, que los porteños tienen una ideología tacaña, que el voto del domingo da miedo porque la mitad de una sociedad no percibe la realidad, que los votantes de Macri dan asco.



No sé por qué, pero me da la impresión de que Macri ha comenzado a disfrutar de todo esto. Se la hacen demasiado fácil. Y ruega recibir el insulto de cada día. Es un centro detrás del otro.



¿No sería hora de que el Frente para la Victoria incorpore a alguien que sabe de política, como Calamaro, a la jefatura de campaña? ¿O van a ir así de convencidos al precipicio?



Fuente: VEINTITRES