Viernes, 15 Julio, 2011 - 08:31

Opinión de nuestros lectores
El fin del kirchnerismo

¡Viva el cáncer! Esa es la frase que aparece escrita en cada vez más lugares de Venezuela. La comento no por compartirla, al contrario, no lo hago. Como humanista detesto y lamento el sufrimiento de cualquiera. Aún de los personajes más nefastos y nocivos.

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Lo hago porque es una frase conocida para nosotros, nos retrotrae a otras épocas de enormes enfrentamientos, muy parecidas a las que ocurren hoy en Venezuela y a la que pareciera nos estamos dirigiendo. Época de enfrentamientos que muchos jóvenes peronistas, radicales, obreros, estudiantes, luchamos con enormes idealismos, a fines de los 60, para poner fin, desandar odios, impulsar a nuestras dirigencias partidarias en el mismo sentido, y lograr los reencuentros necesarios que nos permitieran terminar con las dictaduras y las desigualdades de entonces.



Lo hago también porque se refieren a Chávez, un personaje tan ligado a los gobernantes de nuestra Argentina, siendo su gran aliado, tal vez su único aliado, además de su modelo, su prestamista usurero, el exportador de su petróleo, pero también de su modelo de corrupción y falso populismo, en el que se apoya esa misma corrupción.



La corrupción de las valijas de Antonini Wilson, de Skanska, de Jaime, de Shocklender, De sus secuaces y cómplices; de los grandes y negocios, nunca investigados. La corrupción no sólo de los dineros públicos, la corrupción y la degradación de las instituciones republicanas y democráticas que permitieron además, en ambos pueblos, el manejo arbitrario de los dineros, de las obras, de la soberanía nacional y de la soberanía popular. Corrupciones que permitieron el manejo antojadizo de voluntades, de federalismos desaparecidos de la mano de gobernantes provinciales y municipales carentes de honor, de valores, de dignidad y de respeto por quienes debían representar.



El verdadero cáncer, en uno y otro lugar, no fue la triste enfermedad de algún gobernante, el verdadero cáncer es el que padecimos todos con la corrupción, con las mentiras, con las falsas promesas, con las obras necesarias prometidas y nunca cumplidas; también con las obras necesarias cumplidas a medias, alabadas y publicitadas hasta el cansancio, como una campaña política permanente, realizadas en una época de bonanza inigualable, haciendo con ellas grandes negocios personales y políticos, utilizando sin pudor necesidades reales de la gente, generando expectativas para después de las elecciones en otras, pero no generando las verdaderas condiciones para el desarrollo, que ese crecimiento hubiera permitido, tal como lo hizo con nuestros vecinos. Ese fue nuestro verdadero cáncer, rodeado además de un triunfalismo permanente, así como de la descalificación de todos los que no pensábamos igual.



El pensar diferente nos sometió a toda clase de escarnios y de infamias. En mi caso personal hasta me han asociado con el rozismo y sus obsecuentes, a quienes permanentemente he repudiado, pese a pertenecer a mi mismo partido político, lamentablemente. Rozas ha sido al radicalismo lo que los kirchner son al peronismo, su destructor, el destructor de sus esencias y de sus principios. Como pueden ver en mi partido, ni los personajes ni los obsecuentes duran para siempre. Lo mismo ocurre en el kirchnerismo. Ha empezado la huída, lo perciben, lo sintieron en Chubut, en Tierra del Fuego, en Capital Federal, lo sentirán en Santa Fe, en Córdoba y en tantos otros lugares en que las luchas recién empiezan. Lástima que en el kirchnerismo nadie se anime a denunciar a sus propios corruptos y sinvergüenzas.



Algunos muchos dirigentes importantes del kirchnerismo actúan con inmoralidad manifiesta, con cobardía, con indignidad, dejando que digiten decisiones propias. En nuestra Provincia, sin ir mas lejos, han permitido que se digite desde Buenos Aires la vergonzante elección de sus candidatos a Diputados Nacionales, entre otras cosas.



Fito Páez habló desde el temor y su opinión no es tan importante, aunque hable desde el fascismo que se asquea del voto que no acompaña sus deseos. Me quedo con el artista y tomo lo suyo como un exhabrupto desafortunado. Lo importante es lo que dijeron y lo que callaron otros, verdaderamente importantes representantes del poder y de la intelectualidad kirchnerista. Además les resultó imposible hacer un análisis serio de lo que pasó en Buenos Aires, prefieren la irrealidad de las fantasías a la verdad que ofrece la realidad.



Lo importante es lo que pasó en el Mercado Central de Buenos Aires, donde impidieron vender diarios como Clarín y Olé, algunos dicen que por orden de Moreno, pero lo cierto es que sea de quien sea la orden debió ser inmediatamente corregida, por significar un gravísimo atentado al orden constitucional, que garantiza la libertad de prensa, y un abuso inadmisible de poder.



Abuso del poder que nos coloca en riesgo a todos. Hoy son unos puestos remotos de diarios, ayer fue D´Elía constituido en fuerza de choque, fue la CGT levantándose en defensa de la inmunidad de su Secretario General, son los jubilados que batallan incansablemente en tribunales, larguísimos años, tratando de obtener lo que les corresponde; son los pobres que desconocen y que cada vez más aumentan en los suburbios desamparados; es la inseguridad a la que llaman sensación, es el narcotráfico; es la falta de trabajo que quita dignidad y esperanzas a las personas, especialmente a los jóvenes y olvida a los mayores y su experiencia; son los ataques permanentes a todo lo que se les opone o no les gusta.



Es además la mentira de abundancias, que todos saben por sus bolsillos flacos que no existe. Y si existe es en cada vez menos, afortunados, generalmente amigos del poder. Es en los estafados por esos “Sueños Compartidos” y por sus cómplices desesperados por ocultar lo inocultable. Es Emerenciano Sena diciendo valientemente su verdad y la de muchos vilmente engañados, los obreros maltratados que no cobran y como burla a sus necesidades urgentes, les dicen que le vayan a reclamar a Shocklender; es la de quienes claman por trabajo, es la de los aborígenes discriminados, maltratados y echados de sus tierras y sus montes; es la de la destrucción del medio ambiente, es la del hedonismo del poder expresado descaradamente, haciendo alarde de sus inmoralidades e injusticias, cada vez mas evidentes.



Es la falta de capacidad de reconocer sus propios errores y siempre echar culpa a los demás, descalificándolos. Siempre las culpas las tienen los errores o las corrupciones del pasado o de los otros, nunca los propios errores y las propias enormes y bien tapadas corrupciones.



Es hacer creer que quienes opinamos distinto somos de derecha, somos gorilas: es disfrazar la verdadera importancia del funcionamiento de las instituciones republicanas en la calidad de vida de la gente, en su influencia en sus problemas cotidianos.



Es disfrazarse de populistas izquierdosos, cuando en realidad no tienen ideología, los mismos que apoyaron a la Triple A, a Menem, a Duhalde, se transformaron en kirchneristas. Ahora, que ven el final, empiezan las huidas, lo hacen sin vergüenza, huyen hacia donde les parece que estará el poder.



Son capaces de convivir con Menem, con las Madres, con los Moyanos, con los D´Elías, con los Moreno, con los de La Cámpora, con la Salas, con los Barones del conurbano bonaerense. Hablan de los derechos humanos y apoyan para reemplazar a Moyano a alguien que aparece en las listas de los funcionarios civiles del tristemente famoso “Batallón 601”. También se olvidan de los derechos humanos actuales, de la justicia, de la salud, de la educación, de la inflación, la falta de oportunidades, de las urgencias y necesidades de cientos de miles de argentinos.



Afortunadamente se han dado cuenta que las sociedades no se suicidan y les ha entrado el pánico.



Los argentinos estamos cansados de mentiras, de corrupciones, de enfrentamientos, de abusos, de carencias. Ya no nos engañan con las cuotas para comprar televisores, hay que pagarlas y, aunque nos mientan sobre un estado de bienestar inexistente, nuestros bolsillos se dan cuenta que no nos alcanza, todavía no inventaron los milagros, apenas se adueñaron de las mentiras.



Es el afortunado preludio del fin del nefasto kirchnerismo, sus mentiras, sus desigualdades, de sus engreídos funcionarios y su corte de adulones pagos, muy bien pagos, o de sus rehenes por necesidad a quienes obligan a mendigar por los planes que necesitan y que quieren que sigan necesitando así los mantienen como rehenes.



Es la hora de la participación de todos en la reconstrucción de lo destruido y en la construcción de lo nuevo y necesario. El voto es nuestra mayor arma. Yo apoyo a la fórmula de mi Partido, la de Alfonsín- Gonzalez Fraga en la nación y la de Nikisch y Polini en la provincia, confío en su honestidad y capacidad para hacer un buen gobierno: otros apoyarán las propias, muchos no apoyarán ninguna, no se preocupen, concurran y voten, coloquen un papel diciendo que no les gusta nadie, si así lo sienten, es la manera de que su opinión sea válida y escuchada, de que su voto sea contabilizado.



Es la hora de recuperar la verdadera justicia social, el estado de derecho que asegure y garantice para que lleguen inversiones privadas reales, con regas claras y acordes a las necesidades nacionales, no para hacer fantasiosos trenes bala, sino para crear puestos de trabajo auténticos, para crear, dentro de nuestras normas y de nuestros controles soberanos, la seguridad, la dignidad y la esperanza que estamos necesitando.



El fin del kirchnerismo y todo lo terrible que significa, afortunadamente ha comenzado.



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