Jueves, 14 Julio, 2011 - 14:57

Olivello y su duro brazo de la ley

El suboficial Hugo Olivello, agente que se desempeña en el Grupo Especial Motorizado (GEMO), se hizo famoso cuando el fotoperiodista Gustavo Torres de El Diario lo denunció por maltrato y –posteriormente- por amenazas. Desde entonces pasó a ser considerado un policía con “mal talante”. El lunes pasado una periodista de DiarioChaco.com pudo comprobarlo.

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En medio de un operativo rutinario contra el narcotráfico, Olivello junto a otros seis uniformados del GEMO rodearon a un joven que presuntamente portaba marihuana. La periodista, vecina del barrio y del muchacho, pasó junto a ellos en el preciso instante en el que le incautaban un “porro”, y les sugirió que si pretendían realizar un operativo antidroga debían buscar “en otros sitios”.



La respuesta de Olivello fue automática y con una carga de agresividad inaudita, no sabemos si ocasionada por la tensión del operativo, por el hecho de que quien lo interpelaba era una mujer, o simplemente porque en su “manual de procedimientos” los interrogatorios los hacía él.



La periodista ignoraba que el agente que la increpaba y la amenazaba con llevarla presa por desacatada o aunque sea como testigo del procedimiento, era Olivello, el mismísimo Hugo Olivello (ahora es célebre entre los periodistas), y posiblemente Olivello no supiera que la vecina cuestionadora era una periodista. Quizás el agente tenga cierta irresistible atracción por los herederos de Mariano Moreno, no lo sabemos.



Como buena periodista, la vecina siguió preguntando y preguntando a medida que la hostilidad del suboficial se incrementaba. Ya no se trataba de un intercambio racional entre un servidor público y un contribuyente; no era una desavenencia que se resolvía civilizadamente: era el peso de la autoridad de un hombre armado, profundamente enojado, gritón y prepotente, frente a una mujer inerme que no se dejaba intimidar.



Al final, ya sin sustento legal ni racional ni de ningún otro órden que no fuese el de su enojo, el agente escribió en un papelito su nombre, “suboficial Hugo Olivello”, y se lo entregó a la periodista. “Si sabe algo, llámenos: estamos para servirla”, le dijo antes de regresar a la ingente tarea de lidiar con el delito callejero.