Jueves, 14 Julio, 2011 - 12:10

Aporte al debate
"Los nuevos fachos con piel de progres"

La última puja electoral en Capital Federal pudo haber reflejado sólo la victoria de un candidato, pero sin embargo dejó mucha más tela para cortar de lo que se preveía. Por un lado quedaron en evidencia las operaciones del gobierno nacional, consultoras y encuestadoras mediante, destinadas a hacer creer a la ciudadanía que las cartas estaban echadas y la victoria kirchnerista es un hecho irreversible.

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Hoy, todos dudan de esos números, especialmente en el círculo más cercano a la Presidenta, que es donde se cocinan este tipo de estrategias solapadas.



Por otra parte, esta elección de la Ciudad de Buenos Aires nos hizo ver cómo se va desmembrando, lenta pero progresivamente, esa supuesta cohesión sin condiciones que existía entre los hoy aliados del gobierno nacional, algo que incluso se replica en la Provincia del Chaco.



Comenzaron a aparecer referentes políticos, los híper pragmáticos, hasta hace una semana oficialistas, que cuestionan la conformación de listas, que se van por afuera integrando otras, con otros partidos lejos de sostener la ideología que dicen, sólo dicen, representar.



Y en lo que especialmente me quiero detener es en la eclosión del cuasi fascismo en nuestro país, que comenzó el pasado domingo a la noche. De repente, los “recontra progres”, invitados permanentes a programas que se autodenominan también “progres” –me refiero, concretamente, a, por ejemplo, 6-7-8–, comenzaron a pronunciarse a viva voz, casi a los gritos, en términos como “Me da asco el resultado de la votación” (¿me da asco la soberanía popular ejercida a través de las urnas?); afloró la hilacha fascista…

Esta actitud me recuerda lo que mostraba aquella película memorable, La República Perdida, sobre “La década infame” de los años 1930, el famoso “fraude patriótico” y la frase “El pueblo no sabe votar”. Sólo nos falta el fraude y coincidencia perfecta…



Está claro que comenzaron a aparecer los resentimientos y rencores hacia cualquiera que pase por delante de los voceros del odio repentino. En primer lugar salió un funcionario nacional que, representando lo que se dice “para adentro”, al mejor estilo de quienes fueron parte de aquella década infame en la Argentina, quieren hacernos creer que los ciudadanos argentinos y especialmente de la Capital federal no saben votar, o al menos eligen mal. Sólo un fascista, antidemocrático y autoritario puede cuestionar al Soberano, consagrado como tal en la Constitución Nacional, en todo caso la simple opinión de la mayoría. Seguramente si hubieran ganado habrían dicho que “el pueblo no se equivoca”.



Otro caso es el de unos integrantes del Olimpo selecto de los intelectuales argentinos, adherentes incondicionales al Gobierno nacional, que cuestionaron el apoyo para el balotaje, del candidato radical Ricardo Alfonsín. Alfonsín fue claro, ser refirió al su apoyo a lo que decidió la mayoría de los ciudadanos de la Capital, confundiendo adrede estos intelectuales con un apoyo a la figura de Macri.



Sin embargo no mencionan una sola palabra de las declaraciones fascistas del funcionario o del cantante famoso al que le da “asco” como vota la gente, como tampoco hizo referencia al acuerdo explícito entre el actual gobierno y Carlos Menem consagrada en las listas de candidatos de la provincia de La Rioja. Quizás esa actitud tiene que ver con que su piel también esconde su otro lado hasta ahora no puesto en evidencia.



Quienes militamos en política sabemos que no es fácil lidiar todos los días con aquellos híper pragmáticos y acomodaticios que lo único que buscan es el beneficio propio. Será entonces la hora de pensar en nuevas propuestas, aquellas que defienden el interés general, las instituciones democráticas, la libre elección de nuestros representantes, en definitiva, será la hora de defender la Democracia que tanta sangre, sudor y lagrimas nos costó conseguir y que, a pesar de los fachos disfrazados de progres, seguirá consolidándose por las decisiones que toma el propio pueblo soberano. 



(*) Presidente del Comité Capital de la UCR.