Domingo, 10 Julio, 2011 - 08:30

Ante la elección de hoy
Campaña desvaída

Ninguneo K para Filmus. Macri hizo la plancha. Y Pino parece pincharse. Lo que hará el Gobierno. Las decisiones que bajan desde el poder van confirmando la concepción absolutista con que la Presidenta no sólo gobierna sino que también delinea su futuro político.

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Los efectos colaterales que ha dejado en el peronismo el cierre de las listas de candidatos a cargos legislativos comienzan a manifestarse en forma paulatina y progresiva. La renuncia a la candidatura a gobernador de La Pampa del senador Carlos Verna constituye sólo la punta de un iceberg. En su interior y en su profundidad subyace una situación revulsiva que cruza a todo el peronismo oficialista. Nadie puede afirmar con certeza cuál será la dimensión de ese oleaje que hoy sacude las aguas del kirchnerismo.



La reunión que durante la semana mantuvo Daniel Scioli con integrantes de La Cámpora habla de la determinación presidencial de ir limitando aun más el margen de acción del gobernador bonaerense. Quedó allí expuesto que uno de sus caballitos de batalla, el de la lucha contra la inseguridad, ya no podrá manejarlo a su libre albedrío. ¿Implicará ello el cese de su actual ministro de Seguridad, Ricardo Casal? En los planes que el Gobierno nacional tiene para Gabriel Mariotto está el de que sea un vicegobernador activo que actúe a manera de comisario político.



Las broncas en el Conurbano siguen siendo muchas. Los ahora denostados barones del Gran Buenos Aires, elogiados en el pasado hasta lo sublime por Néstor Kirchner, han interpretado lo de las listas como una venganza de parte de la Presidenta. Es la consecuencia de la derrota electoral de 2009. En la superficie nadie parece dispuesto a irse. En lo subterráneo, en cambio, las cosas pueden llegar a ser distintas. Los vasos comunicantes con Eduardo Duhalde están abiertos y se registra allí un intenso ir y venir.



El otro ámbito de disconformidad hacia el Gobierno se expresa en el sindicalismo. La reunión que organizó Hugo Moyano con la mesa directiva de la CGT fue tensa. En ella, el líder de los camioneros bajó línea pidiendo a sus compañeros de conducción disciplina partidaria y dar por terminado el episodio que los ha malquistado con la Presidenta. La tarea de Moyano no fue nada fácil. Hay en ese universo heridos de variada consideración, empezando por él mismo. Uno de los que han quedado más dolido es Juan Carlos Schmid, el jefe del Sindicato de Dragado y Balizamiento, quien decidió bajarse de la lista de candidatos a diputados nacionales por Santa Fe, al ser relegado a una posición que le auguraba la nada. En el reportaje que le concedió a Página/12, Amado Boudou dijo que era un lujo tener a un dirigente como Moyano. En los hechos, la realidad parece ser otra. Eso es kirchnerismo puro.



En el peronismo en general se está respirando un clima muy especial. Tanto los que están con el kirchnerismo como los que se inclinan por Duhalde tienen la percepción de estar asistiendo al fin de un ciclo. Los gestos políticos de la Presidenta han dejado en claro que muchos de los que hoy la acompañan desde el peronismo habrán de ser reemplazados inexorablemente por integrantes de La Cámpora. “Muchos que ahora están saben que después del comienzo del segundo mandato de Cristina, no tienen futuro político”, señala una voz del peronismo bonaerense equidistante de las dos fracciones. Está claro que CFK busca destruir a ese peronismo. “Este es el último turno de ustedes”, les espetó a varios de esos jefes comunales uno de los poquísimos funcionarios que hablan con ella y que tuvo injerencia en el armado de las listas. Lo que no se sabe, en cambio, es qué tipo de construcción política quiere emprender la jefa de Estado si, como lo predicen las encuestas serias, es reelecta.



Por lo pronto, en estas horas la atención se centra, obviamente, en la elección a jefe de Gobierno porteño que se realiza hoy. En verdad, julio es un mes de preocupación para el Gobierno, debido a los comicios de hoy y los que dentro de dos semanas se llevarán a cabo en Santa Fe. En este distrito el candidato a gobernador por el Frente para la Victoria, Agustín Rossi, viene llevando una campaña en medio de una evidente orfandad de apoyos oficiales. Boudou había sido despachado a esa provincia el último viernes pero las cenizas volcánicas impidieron el viaje. Esta circunstancia no es casual: hasta el momento, a Rossi las encuestas no lo favorecen y nada detesta más la Presidenta que aparecer al lado de un candidato con pocas chances de triunfar.



La desvaída campaña en la Capital ha dejado al descubierto, una vez más, las contradicciones del kirchnerismo. En efecto, el eje central de lo que desde la Presidencia se aportó a la estrategia proselitista de Daniel Filmus fue la seguridad.



Curioso contraste para un gobierno cuyo jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se ufanó en decir, alguna vez, que la inseguridad era una sensación. El nivel de ninguneo al que desde el poder se lo sometió a Filmus ha sido notable. De ganar, no es improbable pensar que su destino sea bastante similar al de Daniel Scioli, ya que muchas de sus promesas, como el traspaso de la Policía Federal y la ampliación de la red de subterráneos, deberán contar con la aprobación y el sostén económico de la gestión nacional.



La campaña de Mauricio Macri, por su parte, ha distado de ser brillante. Se limitó a hacer la plancha. Debería estar agradecido con varios de sus adversarios que con sus pobres propuestas lo han ayudado bastante. Se reproduce así una situación similar a la que se observa a nivel nacional, ya que nada ayuda más a la imagen positiva de la Presidenta que las incongruencias que orondamente exhibe la oposición.



Si los resultados de hoy confirman lo que vaticinan las encuestas, uno de los grandes derrotados será Fernando “Pino” Solanas. Su decisión de bajar a la Capital parece haber sido un error y su exclusión del Frente Progresista una equivocación incomprensible de sus compañeros de ruta.



En medio de todo ello, el hecho institucional más interesante de la elección de hoy es el concerniente a los comuneros, que tendrán a su cargo la dirección de cada una de las 15 comunas en las que ha quedado dividida la Ciudad de Buenos Aires. La iniciativa es muy buena y su rol en la vida comunitaria dependerá de cuán buena sea su implementación, razón por la cual debió haber tenido otra presencia en el debate político de cada uno de los candidatos. Como se aprecia, lo institucional ha quedado relegado a un segundo plano. ¿Alguien puede sorprenderse por ello?



Producción periodística: Guido Baistrocchi./ Fuente: Perfil.